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jueves, 26 de febrero de 2015

Cultivando Tomate Green Zebra

Hoy vamos a hablar de una variedad de tomate realmente excelente por su sabor dulce y su fina piel, haciéndolo un tomate especial para preparar ricas ensaladas. Nos referimos como no al tomate Green Zebra.
De color verde y manchas rayadas cuando esta verde torna el color de sus manchas a color amarillo crema cuando esta maduro, manteniendo el color de la pulpa de color verde.
Es una variedad precoz de crecimiento indeterminado con frutos de medio tamaño.
Su cultivo comienza en el mes de febrero y termina en el mes de mayo, sembrando las semillas de tomate green zebra en semillero protegido a 1 cm de profundidad. 
El trasplante se realiza cuando la plantita tiene de 4 a 5 hojas verdaderas a un marco de plantación de 70x40 cms.
Los primeros tomates se empiezan a recolectar con la llegada del mes de mayo para las siembras realizadas en febrero. Las siembras realizadas en mayo nos seguirán dando tomates green zebra hasta primeros del mes de diciembre.
Entre los cuidados que se deben tener en cuenta a la hora de cultivar este magnífico tomate cabe destacar la importancia de asociarlo en el huerto con albahaca para repeler posibles ataques de pulgones y demás insectos dañinos como moscas blancas y trips.
Durante el riego, que debe ser abundante y prolongado, no se debe mojar la parte aérea de la tomatera así evitaremos enfermedades relacionadas con los hongos como el mildiu.
Y como siempre que hablamos de tomates os dejamos un Manual del cultivo del tomate por si quereis saber cuales son los requisitos de cultivo del tomate para cultivarlo en vuestro huerto.

martes, 10 de febrero de 2015

Cultivando tomate corazón de buey


En un anterior post ya hablamos del cultivo del tomate; pero siendo las fechas en las que estamos idóneas para preparar semilleros de tomates, hemos decidido hablar de una variedad no muy común en supermercados e hipermercados, pero ideal para cultivar en cualquier huerto nos referimos al tomate corazon de buey.
Variedad de gran tamaño en forma de corazón muy resistente a plagas y enfermedades, semiprecoz y de crecimiento indeterminado lo cual nos lleva a entutorar la mata debido al gran tamaño que alcanza.
Sus frutos llegan a pesar muchas veces más de medio kilo siendo de color rojo anaranjado con un sabor excelente, siendo ideales para consumir en ricas ensaladas.
Su cultivo comienza en el mes de diciembre, sembrando las semillas de tomate corazón de buey en semilleros protegidos en zonas de clima cálido y en cama caliente en climas templados.
El trasplante definitivo al huerto se realiza una vez que llegue la primavera y el buen tiempo por lo que previamente hay que realizar un repicado y trasplantar la plantita a un recipiente mayor que un semillero como puede ser una maceta a la espera de 80x50 cms.
Los primeros tomates corazón de buey los vamos a poder cosechar a partir del mes de junio una vez que el verano ya esta próximo y ya apetece comer ricos y saludables tomates frescos.
Como cuidados de esta magnífica variedad de tomate destacar que es importante asociar su cultivo a plantas de albahaca para repeler posibles ataques de pulgones, también es conveniente no mojar la parte aérea de la tomatera durante el riego lo que provocará que aparezcan enfermedades relacionadas con los hongos y que van a estropear nuestra cosecha. 
Y para terminar os dejamos un Manual del cultivo del tomate por si quereis saber más sobre el cultivo de tomates en general.
 

martes, 3 de febrero de 2015

Cómo cultivar Puerros


El puerro llamado científicamente allium ampeloprasum pertenece a la familia de las liliáceas. Es primo hermano del ajo y de la cebolla con la diferencia de que tiene un sabor más suave que estos. Posee un bulbo muy pequeño, tallo blanco muy largo y largas hojas de color verde. Se cultiva para consumir en ricas sopas y ensaladas.

Época de cultivo

Las semillas de puerro (eligiendo la variedad adecuada) se pueden sembrar prácticamente durante todo el año. La siembra se realiza en semillero para trasplantar cuando estan tienen el tamaño de un lápiz a un marco definitivo de plantación de  15x30 cms que variará ligeremante según el tipo de puerro cultivado.

Época de recolección

A partir de los 5 meses desde la siembra se pueden empezar a recolectar los primeros puerros.

Requerimientos de cultivo

Suelo. Los puerros requieren suelos húmedos, fértiles y que drenen correctamente.

Abonado. Es un cultivo medianamente exigente en materia orgánica, se realizará un abonado medio de fondo con materia orgánica antes de inciar el cultivo para aportar los nutrientes necesarios.

Clima. Es un cultivo que se desarrolla perfectamente en climás templados con algo de humedad. El exceso de calor es su enemigo adaptandose  muy bien a climas fríos.

Riego. Necesita riegos continuados pero en pocas cantidades suficiente para mantener el suelo húmedo sin provocar encharcamientos.

Plagas y enfermedades que pueden afectar al cultivo de puerro

El puerro es una planta muy rústica que apenas tiene problemas con plagas y enfermedades. La plaga más común es el gusano del puerro que se alimenta de las hojas perforandolas y provocando su pudrición.  

Asociaciones favorables al cultivo del puerro.

Los puerros se pueden asociar perfectamente a cultivos de apio, tomates y zanahorias por el contrario no son buenos socios del puerro cultivos de lechugas y coles. 





miércoles, 26 de noviembre de 2014

Cómo sembrar habas

Ya estamos a punto de acabar noviembre y cada vez más cerca del invierno, así que tenemos que aprovechar para seguir cultivando las hortalizas típicas de estas fechas. Guisantes, acelgas y rabanitos ya crecen en nuestros huertos urbanos y jardines, pero aún nos quedan muchas otras. Así que la elección de hoy ha recaído en las habas.
La vicia faba pertenece a la familia de las fabaceae o leguminosae y aunque son originarias de Oriente Próximo, se han extendido por toda la cuenca Mediterránea, llegando hasta China y América.
Se trata de una planta trepadora anual que nos va a proporcionar unas nutritivas semillas: las habas que comemos. A parte de por su valor nutricional y sus propiedades medicinales, esta planta es muy conocida por una reconocida tradición navideña: dentro del Roscón de Reyes, es la sorpresa que obliga a pagarlo.
Pero, ¿cómo sembrar semillas de habas? Para empezar buscaremos un suelo arcilloso calizo, rico en materia orgánica, aunque hay que reconocer que no se trata de una especie muy exigente en cuanto a terreno se refiere.
Si las sembramos de manera directa –en el terreno-, lo haremos a chorrillo, colocando de dos a cuatro semillas en cada agujero, separados estos cada 35 centímetros y con una distancia entre líneas de 50. Mientras que si lo hacemos en maceta, ésta debe tener una capacidad de al menos diez litros y una profundidad de 20 centímetros.
Enterraremos las semillas a una profundidad de entre tres y cinco centímetros.
Al final, tras el aclareo, dejaremos una planta por hoyo. Además, tendremos que ‘calzar’ las plantas, es decir, acumular tierra alrededor del tallo para proporcionarle más estabilidad y aportar más nutrientes.
A la hora de regar, debemos tener cuidado de que no haya un exceso de humedad, manteniendo un riego constante y moderado, con especial cuidado en la época de floración.
En cuanto a las plagas y enfermedades de las que debemos estar especialmente pendientes, son el mildiu –que podemos evitar con la poda y el aclareo, y combatir con la pulverización de cola de caballo- y el pulgón negro del haba –que se puede evitar aplicando purín de ortiga y combatir usando jabón potásico e insecticida-.
Este cultivo se puede sembrar desde septiembre hasta febrero y recogeremos los frutos entre marzo y julio.
Como siempre, sólo nos queda visitar el catálogo de semillas de habas de Semillas Huerta y Jardín antes de lanzarnos a la aventura.

¡Feliz siembra!

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Cómo sembrar rabanitos

Seguimos una semana más hablando de las típicas hortalizas que podemos sembrar en nuestros huertos urbanos y jardines durante el otoño. Si ya hemos repasado los beneficios de sembrar semillas de acelgas y de guisantes, hoy llega otro fácil, delicioso y nutritivo cultivo: el rabanito.
El raphanus sativus var. sativus es una planta de la familia de las brassicaceae originaria del Mediterráneo oriental y de Euroasia, y que en la actualidad se cultiva en prácticamente todo el mundo.
Rico en vitaminas y yodo, presenta un bajo aporte calórico. Es una excelente elección por sus propiedades nutricionales, así como medicinales: antiséptico, protege la vesícula biliar y es bueno para combatir los cálculos renales y biliares…
Ahora bien, ya sabemos que es muy saludable y que vamos a degustar su delicioso y ligero sabor picante, pero ¿cómo sembrar semillas de rabanitos?
Primero buscaremos un lugar a plena luz o en semisombra, con un suelo suelto y bien drenado, para evitar encharcamientos, rico en nutrientes y húmedo, y neutro. Es recomendable poner compost a nuestra tierra y que el cultiva reciba al menos cuatro horas de luz directa.
En cuanto al riego, nuestros rabanitos van a necesitar que la tierra esté siempre húmeda, pero sin inundarlos, claro.
Es un cultivo de asiento, es decir, lo sembraremos directamente en la tierra, evitando así problemas en el trasplante, a voleo –dispersar las semillas de manera aleatoria- o en líneas de 25 centímetros de separación. Habrá que aclarar –quitar las plantitas “sobrantes” a una distancia de cinco o seis centímetros.
Se puede plantar desde la primavera hasta finales de otoño y tan sólo deberemos esperar 30 días desde su siembra para poder recolectar nuestras pequeñas hortalizas.
Sólo nos queda visitar el catálogo de rabanitos de Semillas Huerta y Jardín para poder seguir llenando nuestro huerto urbano de hortalizas.

¡Feliz siembra!

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Cómo sembrar acelgas

Otoño es una temporada perfecta para sembrar numerosas hortalizas en nuestro huerto urbano. Si en la entrada de la semana pasada hablamos de cómo cultivar guisantes, hoy le ha llegado el turno a la acelga
Esta variedad de la beta vulgaris, originaria de la zona del mediterráneo en la Europa meridional, es una planta herbácea bianual.
Muy rica en vitaminas, especialmente en folatos y beta-carotenos, minerales, como potasio, magnesio o hierro, y fibra, aporta numerosas propiedades beneficiosas. Ayuda al sistema inmunológico y nervioso. Además, es digestiva y diurética; cuenta con propiedades antioxidantes y previene enfermedades de la vista. El cabello, la piel y las mucosas también se ven beneficiados gracias al consumo de acelgas.  
Tras conocer las propiedades de estas hortalizas, sólo queda preguntarse cómo sembrar acelgas.
Primero buscaremos un lugar a pleno sol o en semisombra. En cuanto al suelo, la acelga puede crecer en cualquier terreno, aunque es preferible que este drene bien y que sea rico en nutrientes. 
Plantaremos las semillas directamente a unos dos centímetros de profundidad, respetando un marco de plantación de 30x50 centímetros y vamos a regarlas de manera abundante dos o tres veces por semana.
Para obtener los frutos de nuestro trabajo deberemos esperar unos 60 o 70 días desde que las sembramos.
Otro de los aspectos positivos de las acelgas es que son muy sencillas de cultivar, ya que no requieren especiales cuidados y son sumamente resistentes a plagas y enfermedades.
Ahora sólo queda pasarse por Semillas Huerta y Jardín para ver el catálogo de acelgas y escoger qué clase queremos sembrar.

¡Feliz siembra!

martes, 4 de noviembre de 2014

Cómo cultivar guisantes

Con el otoño ya aquí ha llegado el momento de lanzarnos al cultivo de las hortalizas típicas de esta época. Las opciones son muchas, pero hay que elegir una; esta vez, la escogida que sembraremos en nuestro huerto urbano esta semana ha sido el guisante.
Pero, ¿por qué el guisante? Para empezar, por sus propiedades nutricionales. Sin grasas y con reducido aporte calórico, nuestra hortaliza es rica en vitaminas, fibra y minerales. Además, es una de las hortalizas que más proteínas aporta. Esto significa que consumirla va a tener efectos beneficiosos en nuestra salud: favorece la circulación de la sangre, ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, incluso, el cáncer de colon, protege el sistema nervioso, controla los niveles de azúcar y reduce el colesterol en sangre, entre otros muchos.
Está claro que es una deliciosa y sana elección, ahora sólo queda preguntarse cómo sembrar guisantes.
El pisum sativum puede crecer en cualquier tipo de suelo, siempre que tenga suficiente materia orgánica, aunque es preferible que el suelo no sea calcáreo ni seco, y que no posea una gran acidez ni humedad. De igual manera, podemos sembrarlo a plena luz o en semisombra, ya que puede crecer sin mucho sol. En cuanto al clima, necesitamos que sea fresco, sin excesivo frío, pero sin excesivo calor. Además, debe ser húmedo, ya que no soporta la sequedad.
En cuanto al riego, necesitamos mantener la tierra siempre húmeda, pero evitando el encharcamiento o sus raíces se pudrirán. Así, realizaremos riegos abundantes, pero espaciados.
Sembraremos las semillas de manera directa a una profundidad de unos tres o cuatro centímetros, dejando una distancia de unos 50 centímetros entre las líneas, y en grupos de dos o tres semillas.
Ahora sólo nos queda visitar Semillas Huerta y Jardín para visitar el catálogo de guisantes. Podremos plantarlas desde septiembre hasta marzo y sólo tendremos que esperar entre tres y cinco meses para ver los frutos de nuestro trabajo listos para ir a la mesa.

Así que… ¡a disfrutar de la siembra! 

jueves, 31 de julio de 2014

Las coles (también) son para el verano

Estamos apurando las últimas horas de este mes de julio y antes de irnos de vacaciones queremos dejar una última idea para los que tenéis pensado dedicar algo más de tiempo a vuestro huerto urbano este verano. En post anteriores hemos hablado de cultivos que se pueden plantar en verano sin muchos problemas como las hortalizas de raíz y de otros que, aunque prefieren climas suaves, pueden aguantar bien una siembra veraniega como la escarola o la espinaca. Hoy vamos a hablar de algunos cultivos que no es que se puedan plantar en verano si no que es la época ideal para su siembra: la col, el brócoli y la coliflor.
Se pueden usar en multitud de platos en la cocina aunque es verdad que son unas verduras algo polémicas porque no a todo el mundo gusta su sabor ni a todos sientan bien cuando las comen pero, aún así, son muy versátiles y no está de más dedicarles un rinconcito en nuestro huerto urbano porque siempre nos pueden sacar de un apuro o, si no nos convence el sabor, siempre podemos regalarlas porque seguro que conocemos a alguien que le chifle comer coles. Cualquier razón es buena para atrevernos con este tipo de cultivo.
Pero es que además, los beneficios para la salud son muchos: las coles poseen muy pocas calorías, nos aportan mucha fibra y agua. También poseen vitaminas A, B, C, E, minerales como el potasio, calcio y fósforo. Nos ayuda a combatir enfermedades como el ácido úrico, la diabetes, el colesterol y el reuma. Al brócoli le llaman el 'súperalimento' por su alto valor en nutrientes y vitamina C y la coliflor aporta grandes cantidades de agua, fibra y vitamina C.
La col (o brassica oleracea) es un cultivo típico del norte de Europa aunque en la cuenca mediterránea también era utilizada por griegos y romanos como remedio natural para multitud de enfermedades. Las semillas de col las podemos sembrar desde septiembre hasta abril dependiendo de la variedad. Las sembraremos en semillero y, si vamos a cultivarlas cuando llegue el frío, procuraremos protegerlos para evitar las heladas.
Entre cinco y diez días, las semillas germinan pero no deberemos realizar el trasplante hasta que las raíces de la planta no ocupen todo el semillero. La trasplantaremos en un marco de plantación de 45x45 centímetros y en un suelo suelto y profundo, muy bien abonado porque este tipo de cultivos son muy exigentes en abono orgánico. Además, procuraremos que tenga humedad constante ya que la col, a pesar de ser muy resistente al frío, no tolera la sequía. A los dos meses de la siembra podremos empezar a recolectar la col, siempre y cuando hayamos tenido cuidado con enfermedades y plagas como la oruga o la mosca de la col.
En el caso del brócoli, es recomendable sembrar a finales de verano o principios de otoño, cuando las temperaturas comienzan a suavizarse ya que necesita de temperaturas frescas para su buen desarrollo. Sembraremos las semillas en semillero protegido trasplantándolas al mes de su siembra en un marco de plantación de 60x60 centímetros. Como la col, necesita suelos sueltos, aireados y con un buen abonado orgánico y riegos continuos que mantengan la humedad. A los tres meses de la siembra, podremos empezar a recolectar nuestro propio brócoli.
Si el brócoli es mejor sembrarlo a finales de verano, la coliflor también prefiere desarrollarse con temperaturas más bajas así que la sembraremos cuando estemos seguros de que ha pasado la época de más calor. Para asegurar el éxito del cultivo podemos esperar hasta que llegue el otoño para sembrar la coliflor pero podemos hacerlo un poco antes sin mayor problema, de hecho, hay variedades que se desarrollan bien con altas temperaturas.
Es un cultivo que resiste bien las heladas siempre que no sean muy intensas. Sembraremos las semillas en semillero protegido, las semillas tardarán en germinar entre 5 y 10 días. Al cabo del mes de sembrar las semillas las trasplantaremos a un marco de plantación de 70x70 centímetros y en un suelo mullido, con un buen abonado rico en nutrientes y capaz de mantener la humedad. A partir de los tres meses desde la siembra, se puede empezar a recolectar.
En todos los cultivos del tipo col habrá que tener cuidado con las plagas de la mosca de la col y la oruga de la col, así como con los pulgones y una enfermedad característica de este tipo de plantas llamada hernia de la col.
Las opciones para seguir disfrutando de nuestro huerto urbano en verano son múltiples y solo tenemos que buscar aquello que necesitamos para una buena siembra en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín y ponernos manos a la tierra. Si os ha convencido la idea de las coles, en la web podéis conseguir un 'Mix Brásicas' con semillas de col de bruselas, coliflor, brócoli y col corazón de buey.
¡Disfrutad del huerto y del verano! 

martes, 29 de julio de 2014

Cultivos para el verano: espinaca y escarola

La semana pasada os hablamos de esos cultivos que son aptos para sembrar en los meses de verano y aprovechar así algunos días de vacaciones ampliando la variedad de nuestro huerto urbano. Como recordaréis, mencionamos algunos cultivos que se pueden plantar en verano aunque no es su mejor época: la escarola y la espinaca. Hoy vamos a ver cómo sembrar estas dos verduras tan típicas de ensaladas antes de que lleguen los días de calor más extremos.
La espinaca -Spinacia Oleracea es su nombre científico- tiene multitud de usos en la cocina y se puede consumir tanto cruda como cocinada. Además, nos aporta grandes cantidades de minerales y vitaminas así que no hay excusa para no incorporarla a nuestra dieta y, si encima la hemos cultivado nosotros, mejor que mejor.
Como decíamos, se trata de una hortaliza cuya época ideal de siembra es cuando llega el otoño aunque existen variedades que aguantan bien el calor y no deberíamos de tener ningún problema para cultivarlas en verano, sobretodo, si vivimos en zonas donde en los meses de julio y agosto las temperaturas no son muy extrema.
Podemos sembrar sus semillas de manera directa, a una profundidad de dos o tres centímetros y con un marco de plantación de 30x10 centímetros. En tres semanas empezarán a germinar y en un mes y medio o dos meses desde la siembra ya las podremos empezar a recolectar. La espinaca necesita un suelo suelto, ligero y rico en humus. No os preocupéis si tenéis un índice alto de salinidad en el suelo de vuestro huerto porque la espinaca lo aguanta bien. Además, no es un cultivo muy exigente con el abonado. Eso sí, el riego no lo perdona y menos si vamos a atrevernos a plantarla en verano así que hay que procurarle riegos constantes que mantenga la humedad evitando, como siempre, los encharcamientos.
A la hora de plantarla, será bueno para la espinaca asociarla a cultivos como las judías, coles, apio o lechuga y evitaremos hacerlo junto a hortalizas de su misma familia, acelgas o remolacha. También podemos sembrar la espinaca en maceta. Con una profundidad de unos 20 centímetros y una capacidad de dos litros bastará.
Por su parte, la Cichorium Endivia, comúnmente conocida como escarola, aguanta bien la siembra en verano así que será más difícil correr riesgos como con la espinaca a la que el exceso de calor puede hacer que se espiguen las hojas. La escarola se cultiva por sus hojas, rizadas, que se usan principalmente en ensaladas.
Desde abril ya podemos empezar a cultivar la escarola aunque, dependiendo de la variedad, podemos adelantar la siembra al mes de marzo. En el caso de esta verdura, sembraremos en semillero, esperaremos entre seis y diez días para ver cómo germinan y la transplantaremos a su lugar definitivo cuando la plantita tenga al menos cinco hojas. Como norma general su marco de plantación será de 30x40 centímetros, aunque este variará un poco dependiendo la variedad de escarola que elijamos para sembrar.
La escarola tarda en estar lista para ser recolectada entre tres y cuatro meses desde la siembra de la semilla si la climatología y los cuidados han sido adecuados. Para un desarrollo óptimo necesita de climas templados y de terrenos bien trabajados, mullidos y que drenen bien. Al contrario que la espinaca, sí es un cultivo algo exigente con el abono: necesitará una dosis media de abonado orgánico.
Sin embargo, sí se parece a la espinaca en cuanto a las necesidades de riego: la escarola necesita de riegos frecuentes que mantengan una humedad constante por lo que deberán de ser periódicos e intensos evitando, como ya sabemos, los encharcamientos. Si optamos por cultivar la escarola en macetero (uno de 10 litros de capacidad y 20 centímetros de profundidad) deberemos de aumentar la dosis de agua y abono.
Un buen consejo para incrementar el sabor de la escarola es atar las hojas todas juntas cuando estemos a punto de iniciar la recolección porque así conseguiremos que el interior de la planta se ponga más blanco y tierno aumentando su sabor. Las asociaciones positivas para la escarola son las zanahorias, rábanos, judías y nabos.
Tanto en el cultivo de la espinaca como de la escarola y teniendo en cuenta que estamos en verano, vamos a extremar las precauciones para evitar las plagas, sobretodo, de pulgones. Además, son dos hortalizas susceptibles de padecer el mildiu. Deberemos, por tanto, estar atentos a la aparición de los síntomas de esta enfermedad de la que ya hablamos aquí.
¿Qué os parece? ¿Os atrevéis con estos dos cultivos de hoja? Seguro que sí así que solo tenemos que entrar en la web de Semillas Huerta y Jardín, conseguir todo lo necesario para su cultivo y ponernos manos a la tierra.
¡Disfrutad del huerto!

jueves, 12 de junio de 2014

Cultivos imprescindibles: la cebolla

Seguimos con la serie de artículos dedicadas a los cultivos imprescindibles para nuestro primer huerto urbano. Esta vez vamos a hablar de la cebolla, una hortaliza muy versátil en nuestra cocina aunque no siempre es del agrado de todos los comensales, sobretodo en su versión cruda, es perfecta para las ensaladas y, además de refrescante, tiene muchos beneficios para la salud y ayuda a prevenir el reuma, problemas de próstata y hasta la osteoporosis.
La allium cepa, o cebolla, es una planta perteneciente a la familia de las amarilidáceas que llegó a Europa desde Asia Central según las teorías más extendidas. En la plantación de la cebolla influye mucho la climatología del lugar donde nos encontremos pero podemos distinguir tres fechas más o menos comunes: a finales del verano, en invierno y a principios de la primavera.
La cebolla acepta la siembra directa así que podemos preparar el suelo y colocar las semillas directamente. Necesitaremos suelos sueltos, sanos, profundos y ricos en materia orgánica, de consistencia media, y no excesivamente calcáreos. Es muy importante evitar los suelos ácidos y procuraremos no sembrar en terrenos recién estercolados, aunque se puede utilizar compost sin problemas.
Una vez hecha la siembra, dependiendo del momento escogido, la cosecha tardará más o menos tiempo. Si sembramos en primavera, tendremos las cebollas listas para recolectar en 20 o 24 semanas, es decir, en cinco o seis meses. Si lo hicimos en invierno, no podremos recolectar hasta 42 semanas después, unos diez meses, aproximadamente.
Pero para que valga la pena la espera tendremos que procurarle a nuestras cebollas las condiciones idóneas para su perfecto desarrollo y crecimiento. Para empezar, requiere de mucha luminosidad y su temperatura ideal se encuentra entre los 15 y los 25 grados, aunque se adapta a casi todos los climas.
Eso sí, es muy sensible al exceso de humedad, por lo que, una vez que las plantas han iniciado el crecimiento, la humedad debe mantenerse constante por encima del 60%. Es por ello que, en la primera etapa, necesita riegos continuos pero cortos y, después, podemos incluso no regarla. De hecho, es aconsejable que no reciban ni un solo riego durante el mes anterior a la cosecha y, dos semanas antes del momento de recogerlas, deberemos desenterrarlas del todo y dejarlas sobre la tierra para que se sequen.
Como precauciones especiales en el cultivo de la cebolla tenemos que destacar el control de las malas hierbas ya que la cebolla tiene raíces muy superficiales y la maleza puede afectarlas más directamente. Ya hemos hablado de las enfermedades y plagas que pueden afectar a nuestros cultivos y, en el caso de la cebolla, se pueden dar algunas específicas como la podredumbre blanca de la cebolla, el mildiu o la mosca de la cebolla. Tendremos que tener cuidado con ellas y estar muy atentos a su aparición.
En el catálogo de Semillas Huerta y Jardín, recordad que podéis encontrar todo lo necesario para cultivar la cebolla y muchas otras hortalizas. 
Y ahora que hemos hablado de las hortalizas en nuestro hurto urbano, ¿qué tal si ponemos un toque de frescor con una serie de entradas sobre cómo cultivar plantas aromáticas? Seguro que os apetece tanto como a nosotros disfrutar de esos olores tan característicos y tener la oportunidad de darle un toque diferente y aromático a nuestros platos con productos cultivados por nosotros mismos así que seguid atentos al blog, manos a la tierra y ¡a disfrutar del huerto!

miércoles, 11 de junio de 2014

Cultivos imprescindibles: la calabaza

Llevamos varios artículos hablando de los cultivos imprescindibles que debería de tener nuestro primer huerto urbano. Hablamos, sobretodo, de hortalizas muy arraigadas en nuestra cocina y sencillas de cultivar en un clima con mucho sol y con temperaturas suaves como el tomate, el calabacín o los pimientos. Hoy añadimos a la lista otra hortaliza con múltiples usos, incluso, decorativos: la calabaza.
Su nombre científico es cucurbita y es una planta anual con un fruto que puede tener diferentes formas, pesos y colores pero todas ellas se siembran en primavera, entre los meses de marzo y mayo. Lo podemos hacer en semillero pero la calabaza es un tipo de cultivo que acepta la siembra directa en un marco de 100x120 centímetros.
Tendremos que esperar, al menos cuatro meses -dependiendo de la variedad de calabaza que hayamos escogido cultivar- para poder recolectar los frutos de esta planta siempre que hayamos seguido unas normas básicas para el cultivo exitoso de nuestras calabazas. Como decíamos antes, aguantan bien las temperaturas cálidas y el frío pero no las heladas ni la sequedad por lo que requiere de riegos regulares y abundantes pero, como en la mayoría de los casos, evitando los encharcamientos.
La calabaza prefiere suelos ligeros, secos, aireados, silicáceos, bien drenados, arenosos y, como ya sabemos, húmedos. Además, necesita que los suelos sean fértiles y profundos y estén muy bien abonados pues es un cultivo exigente en nutrientes. Esta es una parte importante del cultivo de la calabaza: cubrir sus necesidades de abonado.
La pulpa de la calabaza, de color anaranjado, es firme y dulce lo que hace a esta hortaliza ideal para elaborar postres, sobretodo. Además, también se suelen aprovechar sus pepitas, conocidas como pipas de calabaza que, una vez secas, se comen como cualquier otro fruto seco.
¿Qué os parece? ¿Apostamos por la calabaza para incluirla en nuestro huerto? En el catálogo de Semillas Huerta y Jardín tenemos todo lo necesario para sembrar nuestras propias calabazas y disfrutar de esta maravillosa y dulce hortaliza.
¡A disfrutar del huerto!

Cultivos imprescindibles: la fresa

Volvemos con nuestra lista de cultivos que no pueden faltar en nuestro huerto urbano por muy novatos que seamos en estas lides de la horticultura. Hoy vamos a hablar de un fruto que a los más golosos seguro que os encanta con un poco de nata montada o azúcar: la fresa. La reina de los postres que gusta a pequeños y mayores y que tiene múltiples usos pues se puede convertir en confitura, mermelada, yogur, helado... ¿a vosotros también se os hace la boca agua? Pues manos a la tierra.
La fresa -fragaria es su nombre científico- es la única fruta que se puede cultivar en un huerto de dimensiones reducidas, como serán la mayoría de nuestros huertos urbanos. Se cultiva porque, además de ser muy consumida, la planta y las flores son muy decorativas y tiene propiedades positivas para la salud: es diurética, antirreumática, astringente, reduce el colesterol...
Debemos sembrar las semillas de la fresa a finales de primavera y podremos cosechar el fruto en la temporada estival del año siguiente. Tendrán que estar bien maduros, de un color rosa intenso en el momento de la cosecha.
Durante su cultivo, la fresa tendrá que tener la tierra fresca, aunque sin exceso de humedad y sin periodos secos, por ello, es recomendable regarla, incluso, a diario, pero teniendo asegurado un buen drenaje. Es exigente en cuanto a nutrientes así que será conveniente que añadamos compost al suelo. Necesita una profundidad de 15 centímetros en un sustrato suelto y ligeramente ácido.
Aunque suele dar muchos frutos, si estos tocan la superficie es posible que se echen a perder. Se suele cubrir el suelo con plásticos aunque resulta bastante más ecológico poner algo de paja u hojas de pino que, además, le aportan cierta acidez al sustrato que es uno de los factores que necesita esta planta.
No debemos de plantar las fresas con ninguna variedad de col, pues son plantas incompatibles, aunque se desarrolla bien con ajos, espinacas o lechugas. Por último, recordad que, como la mayoría de cultivos de nuestro huerto urbano, la planta de la fresa también puede ser atacada por enfermedades o plagas.
En la fresa, lo más común es la segunda posibilidad, que se vea acechada por plagas, sobretodo, de babosas, caracoles y pulgones, entre otras. Deberemos, por tanto, estar atentos a la aparición de estos pequeños animalitos y controlar su desarrollo. En este enlace podéis descubrir cómo prevenir plagas y enfermedades en nuestro huerto urbano.
Seguiremos hablando de diferentes cultivos para añadir a nuestro huerto urbano en próximos artículos de nuestro blog. Mientras tanto, si os habéis animado a probar con las fresas, solo tenemos que hacernos con unas semillas en la tienda online de Semillas Huerta y Jardín y ¡a disfrutar del huerto!

Cultivos imprescindibles: el calabacín

En los últimos artículos, estamos centrándonos en el cultivo de diversas hortalizas que son imprescindibles en cualquier huerto urbano, por su versatilidad en la cocina y porque se adaptan bien a huertos de reducidas dimensiones como los que solemos tener en la nuestras terrazas, balcones o pequeñas parcelas de nuestras viviendas.
En el artículo de hoy vamos a hablar del calabacín. Su nombre científico es cucúrbita pepo y se trata de una planta anual de la familia de las cucurbitáceas proveniente de América del Norte. Hay diversas variedades de calabacín con frutos de diferentes colores (blancos, morados...) aunque el más común es el verde, cultivo muy apreciado y popular, como decíamos, por los muchos usos que se pueden hacer de sus frutos en la cocina.
Los calabacines de la variedad más oscura se siembran en marzo y, en mayo o junio, cultivaremos los tipos de calabacín de colores más verde claro o blanco. Debemos de tener en cuenta para su siembra que se trata de una planta con flores masculinas y femeninas por lo que, para realizar un buen cultivo, debermos de realizar una plantación cruzada.
En el caso del calabacín no es necesario que las semillas las tengamos primero en un semillero aunque, si optamos por esta opción, el momento de trasplantar nuestra planta es cuando tenga una altura de entre 10 y 15 centímetros. La colocaremos entonces en un marco de 100x100 centímetros. Si decidimos plantar en maceta, esta hortaliza necesitará una de unos 40 litros y una profundidad de 25 centímetros aproximadamente. Cuatro meses después de su siembra, será el momento de la recolección, un poco antes de que los frutos hayan acabado su desarrollo.
Para crecer sanos y fuertes, los calabacines necesitan un clima cálido, de ahí que se plante en primavera, para que su desarrollo se produzca durante los meses más cálidos del año. La temperatura óptima es de entre 20 y 25 grados pues no soporta ni las heladas ni tampoco el frío y necesita mucha luminosidad.
¿Y qué hay del suelo? Pues estamos tratando con una hortaliza que prefiere los suelos sueltos y que estén bien trabajados. Además, necesita un buen abonado orgánico de fondo, en este sentido, el calabacín es muy exigente así que, mientras dura su cultivo, le incorporaremos de vez en cuando abono en superficie para que esté bien nutrido. A diferencia de otras hortalizas de las que ya hemos hablado, esta planta necesita de riegos constantes y en cantidad. ¡Importante! Procuraremos no mojar las hojas ni el tallo para evitar la aparición de hongos pues ya sabemos que se desarrollan con más facilidad en entornos húmedos.
Además de hongos -el oídio es el que más daño suele hacer al calabacín-, este cultivo también es propenso al ataque de plagas, sobretodo, del pulgón, la mosca blanca y los caracoles. Afortunadamente, en este blog ya hemos hablado de cómo prevenir su aparición y cómo tratar estos problemas en cuanto veamos los primeros síntomas.
Con estas sencillas técnicas y recomendaciones, en pocos meses podremos disfrutar de nuestros propios calabacines, una hortaliza con grandes cantidades de vitamina A, agua e hidratos de carbono. Aún estamos en época de siembra de esta hortaliza así que, si estáis animados, pasaos por el catálogo de semillas de Semillas Huerta y Jardín y haceros con las vuestras para comenzar la siembra cuanto antes y ¡a disfrutar del huerto!

Cultivos imprescindibles: la berenjena

Poco a poco estamos descubriendo los entresijos del arte de la horticultura para poder gozar de nuestro propio huerto urbano y de todas sus ventajas y poco a poco también os vamos dando las claves para que no se os resista ningún cultivo. Hoy vamos a hablar de las berenjenas, también conocidas como solanum melongena, de la familia de las solanáceas, es originaria del sudeste asiático y llegó a Europa de la mano de los árabes.
La mejor época para plantar esta hortaliza, tan común en nuestra dieta y protagonista de tantas ricas recetas, es a finales del invierno y lo haremos en semilleros protegidos. A los dos meses aproximadamente, y siempre que estemos seguros de que no se van a producir heladas, ya podemos trasplantar nuestra planta en un marco de 80x60 centímetros a una profundidad de entre 25 y 30 centímetros. A partir de su plantación, deberemos de esperar unos tres meses para recoger el fruto de nuestro trabajo.
Pero para que este llegue a buen puerto debemos prestar atención a las condiciones que requiere esta hortaliza. Para empezar, es una planta que necesita entre 10 y 12 horas de sol al día y se desarrolla mejor en temperaturas cálidas, entre 23 y 25 grados, aunque puede soportar bien incluso los 30 grados, siempre y cuando tenga suficiente humedad en el sustrato.
Y hablando del suelo es importante prepararlo bien pues la berenjena necesita de suelos profundos y sueltos muy bien abonados con un buen compost descompuesto totalmente y mantenerlo siempre húmedo. Por ello, el riego debe ser frecuente y abundante, sobretodo, en la primera parte de la germinación que es cuando crecen los frutos. Eso sí, necesitaremos un buen drenaje para que el agua no se acumule en las raíces.
En el catálogo de Semillas Huerta y Jardín podéis encontrar, además de las semillas de berenjena para plantar, sustratos de la más alta calidad e ideales para nuestro huerto urbano. Además, también podemos encontrar un kit de cañas de bambú para mesa de cultivo que nos será muy útil para entutorar o usar de guía en plantas trepadoras como las judías y los tomates y, también, para las berenjenas pues, cuando se cargan de frutos, es posible que la planta no soporte el peso y se parta. Para conseguir frutos más grandes, es aconsejable dejar solamente 5 o 6 frutos por planta. Recordar que en el momento de la cosecha debemos de cortar las berenjenas y nunca tirar de ellas.
Como véis, la berenjena es una hortaliza que necesita unos cuidados específicos pero muy sencillos y el resultado es siempre satisfactorio ya que se trata de una hortaliza que se puede preparar de múltiples maneras y que tiene muchos beneficios para la salud. Así que, no lo dudéis, manos a la tierra, a plantar berenjenas y... ¡a disfrutar del huerto!

martes, 10 de junio de 2014

Cultivos imprescindibles: la lechuga

Si hay alguna hortaliza que relacionamos rápidamente con el frescor de una buena ensalada en los días más calurosos esa es la lechuga. Buena razón para incluir este cultivo entre los imprescindibles de nuestro huerto urbano, ¿no os parece? Ya os hemos dado unas pinceladas de cómo cultivar esta hortaliza en una entrada anterior sobre cuáles son los mejores cultivos para iniciarnos así que, ahora, vamos a desarrollar un poco más la cuestión y a ver los secretos del buen cultivo de la lechuga.
Su nombre científico es la lactuta sativa y proviene de Asia aunque pronto se extendió por toda la cuenca mediterránea convirtiéndose inmediatamente en un alimento básico. La lechuga tiene diferentes variedades y, según la que queramos cultivar, sembraremos en otoño o en primavera. Iniciaremos su cultivo en semilleros y, aproximadamente un mes después, ya podremos trasplantar el ejemplar en un marco de plantación de 25x25 centímetros.
Aunque este cultivo, a diferencia del tomate o la berenjena, aguanta bien el frío, procuraremos protegerlo de fuertes heladas. Lo que no aguanta es el excesivo calor. Con temperaturas altas, las hojas de la lechuga tienden a espigarse es por ello que es conveniente su cultivo en otoño y primavera y no en verano.
Otra característica de la lechuga y que las hace ideales para quienes nos estamos iniciando en esto de la horticultura es que no son demasiado exigentes con ellos nutrientes del suelo por lo que no requerirá de un abonado consistente aunque sí deberá de estar bien suelto y trabajado. Respecto al riego, y como muchas de las hortalizas de las que hemos hablado en el blog, necesitará de una humedad constante pero evitando los encharcamientos. Por ello, y al contrario que el tomate, por ejemplo, que precisaba de pocos riegos pero abundantes, la lechuga crecerá mejor con riegos cortos pero frecuentes.
Al mes y medio de haber trasplantado nuestra planta, la lechuga ya estará lista para ser recolectada. Es una de las hortalizas que hemos visto que menos tiempo necesitan para su cultivo así que, para los más impacientes, resulta una planta ideal, aunque ya sabemos que la horticultura es un arte que precisa de paciencia y constancia.
Volviendo a los cuidados de la lechuga, es una planta propensa a sufrir plagas de pulgones, caracoles o mosca blanca y enfermedades como el mildiu, la brotitis y el virus del mosaico de la lechuga así que tendremos que vigilarlas con cierta regularidad y tratar de atajar cuanto antes estos problemas si llegan a sufrirlos. Así que, ya sabéis, con un poco de cuidado y de paciencia, pronto podremos disfrutar de nuestras propias lechugas, alimento base y muy beneficioso para la salud pues posee mucha cantidad de vitaminas A, C, E y B, por lo que es un perfecto antioxidante, y muchos minerales como el hierro, el calcio o el potasio. Además, se usa en numerosas dietas de adelgazamiento por tiene poco valor nutritivo pero mucha cantidad de agua. Si estáis convencidos de que es una buena elección, sólo tenéis que pasaros por la web de Semillas Huerta y Jardín donde encontraréis todo lo necesario para empezar a cultivar vuestras propias lechugas.
Y ahora ya sí, solo queda deciros: ¡a disfrutar del huerto!

Cultivos imprescindibles: el pimiento

Seguimos con nuestra serie de artículos dedicados a esos cultivos que son imprescindibles en nuestro huerto urbano. Después de hablar del versátil tomate, en este post nos vamos a centrar en el capsicum annuum, conocido comúnmente como pimiento. Y ya sabemos que se trata de una planta con frutos de diferentes colores: rojo, verde, amarillo...
El pimiento, originario de América, es un cultivo que, al igual que el tomate, no resiste el frío así que su siembra se debe realizar cuando estemos seguros de que ya ha pasado la temporada de heladas. Como mejor se encuentra es con temperaturas que oscilan entre los 16 y los 25 grados y requiere de mucho sol.
También al igual que el tomate, no debe regarse muy frecuentemente, pero sí abundantemente cuando se haga y evitando el encharcamiento. Es recomendable entutorarlos para que el peso de los pimientos no rompa la planta.
Pero vamos por partes. Sembraremos el pimiento en semilleros protegidos a una profundidad de 2-3 mm y evitando que queden demasiado juntas pues derivarán en plantas débiles si no tienen su espacio.
Las semillas germinarán entre 8 y 20 días después de la siembra. Trasplantaremos la planta cuando hayan enraizado totalmente y midan unos 15 centímetros, unas ocho semanas después. Entonces es el momento de trasplantar nuestros pimientos a un marco de 60x50 centímetros.
Para su óptimo desarrollo, el pimiento necesita un suelo bien abonado, suelto y que esté bien trabajado. Esta hortaliza es muy exigente en abono orgánico así que necesitará de un abonado de fondo y, después, de abonados de cobertura.
Si hemos seguido estos sencillos pasos, a las pocas semanas de su siembra (a unos dos meses desde el trasplante) tendremos los pimientos lo suficientemente maduros como para proceder a su recolección y a disfrutar de ellos. ¡Atención! Para tener un final feliz con nuestros pimientos, tendremos que vigilar y mantener a raya las posibles plagas que pueden afectar a nuestro cultivo, principalmente, el pulgón.

Por ello, es aconsejable plantar el pimiento cerca de una planta de albahaca para repeler a los pulgones. También favorece a esta hortaliza crecer junto a cultivos de su propia familia como los tomates, las berenjenas o las patatas. Ahora que ya conocemos el pimiento, ¿qué tal si lo cultivamos? En la web de Semillas Huerta y Jardín tenéis todo lo necesario para empezar, ¡ánimo!
El próximos artículos del blog analizaremos otros cultivos imprescindibles en nuestro huerto urbano como la lechuga o la calabaza. No os lo perdáis y, mientras tanto, ¡a disfrutar del huerto!

Cultivos imprescindibles: el tomate

Ya hablamos en el post anterior de una serie de cultivos que resultan poco menos que imprescindibles en nuestro huerto urbano. Una serie de hortalizas que, además de ayudarnos a mejorar nuestras técnicas de cultivo y a seguir aprendiendo sobre este mundo maravilloso de la horticultura ecológica, son de lo más útiles y sanos porque forman la base de la dieta mediterránea y, cultivarlos nosotros mismos, nos va a dar un plus de satisfacción cuando los preparemos.
Empezaremos esta serie de artículos detallando la manera de cultivar y las características de cada uno de estos cultivos con un clásico: el lycopersicón esculentum, también conocido como el socorrido tomate, originario de América pero clave también en nuestra agricultura y alimentación. Además, es una planta muy recomendable para tener en cualquier huerto urbano porque es un cultivo de alta productividad y crece en casi todos los terrenos y climas.
Podemos empezar a cultivar el tomate desde diciembre y hasta junio aunque al principio de la primavera es lo ideal porque así será más fácil evitar que se someta a heladas y fuertes vientos y podremos procurarle las seis horas de sol que necesita como mínimo. Sembraremos las semillas en semilleros y trasplantaremos las plantitas cuando estén los suficientemente grandes como para manejarlas, lo cual suele ocurrir en dos o tres semanas, unas cinco semanas después ya podemos trasplantarlas a un marco de 80x50 centímetros como lugar permanente.
La tomatera es una planta trepadora así que, desde el momento en que la plantemos en el lugar definitivo, colocaremos a su lado una caña de 1,5 metros de altura, aproximadamente, e iremos dirigiendo su crecimiento enrollando el tallo en la misma. Esto también servirá para que los frutos no toquen el suelo y evitaremos así pudriciones causadas por la humedad del suelo. En tres meses desde su planta ya podremos recolectar nuestros ricos tomates.
Eso sí, siempre que hayamos mantenido las condiciones necesarias para este cultivo. Aunque ya hemos dicho que crece prácticamente en cualquier terreno, procuraremos que el suelo de la tomatera esté mullido, aireado y bien abonado. Necesitará temperaturas cálidas. Lo ideal es que sea de entre 23 y 25 grados pero puede soportar hasta 35 grados, eso sí, nunca inferiores a los 10 grados.
El riego del tomate debe de ser abundante aunque no demasiado frecuente. En el capítulo del riego debemos de tener en cuenta dos consideraciones importantes: por un lado, procuraremos que el suelo esté siempre húmedo y, por otro lado, evitaremos mojar las hojas, la parte superior de la planta, en definitiva, pues es un cultivo muy dado a sufrir enfermedades y, como ya sabemos, la humedad es el escenario perfecto para la aparición, sobretodo, de hongos.
Si estáis dispuestos a probar con este fácil y agradecido cultivo, en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín tenéis lo necesario para comenzar su siembra y para preparar el suelo con las condiciones idóneas.
En artículos posteriores iremos dando las claves para cultivar otras hortalizas imprescindibles que harán de nuestro huerto urbano, y de nuestras ensaladas, la envidia del vecindario. Mientras tanto, ¡a disfrutar del huerto!