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martes, 8 de julio de 2014

En verano, cuidado con los trips

Volvemos un día más a la carga dispuestos a combatir enfermedades, virus, plagas o cualquier otra amenaza para nuestro huerto urbano. En el blog, hay muchos que nos iniciamos en esto de la horticultura y, aunque es difícil que suframos al principio todos los problemas de los que ya hemos hablado, ya sabéis que somos muy partidarios de ir aumentando la información y los conocimientos sobre el cultivo de un huerto urbano para que, si llega el momento de aplicar esos conocimientos, los tengamos a mano. Por ello, hoy vamos a tratar otro tipo de plaga bastante común en el huerto: los trips (o arañuelas).
El trip es un insecto de tamaño milimétrico pues suele medir entre uno y dos milímetros. Son de color marrón o negro, de forma cilíndrica y alargados. Existen multitud de variedades de este insecto, se calcula que unas 5.600, la mayoría se alimentan casi exclusivamente de vegetales y cada una tiene su cultivo predilecto así que prácticamente todas nuestras plantas podrían sufrir el ataque de este insecto.
Se alimentan de la savia de las hojas y mientras lo hacen, las manchan con los jugos y excrementos que desechan provocando en las hojas unas características manchas de color blanquecino rodeadas de motitas negras. Pero a la hora de hacer la revisión de nuestros cultivos, debemos de estar atentos también a los frutos y las flores, pues no solo de hojas vive el trip.

En estas fechas debemos de estar especialmente atentos a la posible aparición de estos insectos ya que se encuentran muy cómodos en los ambientes secos y cálidos, de ahí que sea una plaga típica de invernadero.
¿Es grave? Ya sabemos que la presencia de insectos y otros animales en nuestro huerto urbano es normal e, incluso, recomendable pues forma parte de la naturaleza que los seres vivos interactúen. El problema viene cuando una de las especies del ecosistema, en este caso, insectos, se multiplica de manera descontrolada por alguna variación en el entorno, un incremento de la población que puede causar serios daños a nuestros cultivos. El trip se alimenta de la savia de las hojas pero también ataca a las flores y al fruto, decolorando y generando malformaciones en este último.
Pero el verdadero riesgo que suponen las plagas para nuestro huerto urbano, concretamente, la de este insecto, es que el trip es un vector de varios tipos de virus -alrededor de una veintena- muy perjudiciales, es decir, un ser vivo que puede transportar el virus de una planta a otra. Hablamos, por ejemplo, del virus del bronceado del tomate y otros similares muy dañinos para nuestro huerto urbano.
¿Cómo prevenimos su llegada? El mejor ataque es una buena defensa así que será mejor que dediquemos cierto tiempo a la prevención de este tipo de plagas. Lo mejor para evitar que los trip se conviertan en un problema grave es respetar los calendarios de cultivo, los marcos de plantación, las asociaciones de cultivos adecuadas y las rotaciones necesarias. Mantener los cultivos frescos y húmedos con buenos riegos también es vital ya que, como ya hemos comentado, el trip se desarrolla en entornos secos y cálidos. La retirada de los restos de poda y la eliminación de las malas hierbas nos ayudará a evitar su aparición. En definitiva, la mejor prevención es respetar el ecosistema equilibrado de nuestro huerto y jardín y la propia naturaleza ejercerá de árbitro controlando y evitando la aparición de plagas.
Ahora bien, si descubrimos que los trip ya se han convertido en un serio problema para nuestros cultivos, tenemos a nuestro alcance varios métodos de combate. Por ejemplo, podemos acabar con la plaga introduciendo depredadores naturales de este insecto como el orius.
Otra opción es utilizar insecticidas ecológicos compuestos por piretrinas, una sustancia que se obtiene de los crisantemos y que actúa como insecticida natural. Recordad que este y otros productos ecológicos para combatir las plagas los podemos encontrar en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín.
Como cada día, manos a la tierra y ¡a disfrutar del huerto!

jueves, 3 de julio de 2014

Guerra a la araña roja

Lo más seguro es que todos hayamos oído hablar -algunos, incluso, las habremos sufrido- de las arañas rojas. Es una de las plagas más comunes y que pueden afectar a nuestro huerto urbano pero, por mucho que ese sea el nombre más común que se le da, lo cierto es que la 'araña' roja es un ácaro al que se le apoda araña por su capacidad para tejer telarañas. En su edad adulta a penas alcanza el medio milímetro de tamaño pero como todos estos 'bichitos', cuando se convierten en plaga, pueden causar estragos a pesar de su reducido tamaño.
Ya hemos hablado en el blog de las plagas en general y de algunas de las más comunes en particular como los pulgones y la mosca blanca. Hoy, y siguiendo con la serie de artículos sobre los problemas que pueden afectar a nuestros cultivos y cómo prevenirlos y tratarlos, queremos presentaros a esta 'falsa' araña roja.
Su nombre científico es Tetranychus Urticae y es una de las muchas especies de ácaros que se alimentan de plantas. Sienten predilección por las plantas que se encuentran en un ambiente seco así que habrá que tener especial atención a la aparición de la araña roja en los meses de sequía. Es una especie muy polífaga, es decir, que ataca a una gran variedad de plantas incluyendo la mayoría de hortalizas y muchas plantas ornamentales como las rosas. Es por tanto, una probable visita no deseada en nuestro huerto urbano, sobretodo, en verano pues es atraída por los ambientes secos y cálidos.
Pero, algo tan pequeño, ¿qué daños puede causar? Como ya hemos visto en nuestro blog, el tamaño poco importa a la hora de causar estragos en las plantas. De hecho, los virus, microorganismos solo visibles con microscopio, pueden echar a perder nuestros cultivos. En el caso de la araña roja, sí podemos verla a simple vista, aunque ya hemos dicho que los adultos a penas rozan el medio milímetro de tamaño.
Podremos distinguirlas sin embargo, como pequeños puntos, sobretodo, en el envés de las hojas. Allí, cada ejemplar se va alimentando de las células vivas de la planta creando una mancha minúscula en la hoja. El ataque de cada araña roja puede ser insignificante pero las plantas huésped suele acoger a miles de ejemplares lo que supone una importante reducción de la fotosíntesis y, en consecuencia, de los nutrientes que necesita para seguir desarrollándose. Si el ataque es persistente, la planta puede llegar a morir.
A los daños que la araña puede causar por sí misma, hay que añadir el hecho de que puede ser transmisora de virus de una planta infectada a una sana y que, además, debilita la planta hasta el extremo de convertirla en idónea para el desarrollo de otras enfermedades causadas por hongos o bacterias.
Y, ¿qué hacemos? Para empezar, es importante que realicemos las tareas de nuestro huerto de manera adecuada. La araña roja suele aparecer en aquellos espacios con déficit de humedad o donde es excesivo el nivel de nitrógeno, un elemento que nosotros podemos favorecer con el tipo de abonado que escojamos. También la baja variedad de cultivos puede favorecer su aparición.
Debido a la predilección por la sequedad, es útil pulverizar las hojas de nuestros cultivos con agua para mantener un grado de humedad que aleje a este ácaro de nuestro huerto. Y, por supuesto, realizar las recomendaciones básicas: revisión periódica de nuestros cultivos, mirando bien de cerca y prestando mucha atención al envés de las hojas, y la eliminación de las malas hierbas y de los restos de poda ya que sirven de estupendo refugio para los ácaros.
Si pese a estas precauciones, la araña roja se ha instalado en forma de plaga en nuestro huerto urbano, tendremos que tomar medidas. ¿Cuáles? Existen diversas opciones para controlar este tipo de plagas. Para empezar, vamos a hablar del control biológico. Se le llama así a las tácticas de lucha consistentes en introducir otro elemento vivo propio del ecosistema y que consiga equilibrar (o eliminar) por completo a nuestro enemigo de manera natural. En el caso de la araña roja, se pueden usar varios depredadores naturales como el ácaro fitoseido Phytoseiulus persimilis o el Amblyseius californicus que, además, se alimenta de polen por lo que se puede distribuir por el huerto antes incluso de que aparezcan los primeros ejemplares de araña roja.
Estos métodos, si bien son utilizados en la práctica comercial de la horticultura para proteger los cultivos de invernadero, no son muy habituales en los huertos urbanos cultivados como hobby como es nuestro caso así que probaremos otros remedios más cómodos y al alcance de todos nosotros.
Por ejemplo, pulverizar el agua conseguida de infusionar ortigas secas, ajenjo o helechos es una buena manera de repeler este insecto al igual que distribuir pieles de cebolla por el suelo de nuestro huerto urbano.
Pero si queremos un resultado más rápido y eficaz, absolutamente ecológico, vamos a optar por darnos una vuelta por el catálogo deproductos de Semillas Huerta y Jardín. Allí encontraremos productos como el jabón potásico, totalmente inocuo para la planta y cuya pulverización permite acabar con los insectos ya que reblandece su exoesqueleto hasta el punto de que acaban muriendo. Combinado con este producto se puede utilizar un aceite de neem, un insecticida natural que se extrae del fruto de esta planta.
Además, podemos incluir en nuestro huerto urbano una serie de plantas que sirven de repelentes para los insectos dañinos. En Semillas Huerta y Jardín podemos encontrar este pack que incluye semillas de eneldo, de lavanda, de hinojo, de capuchina enana, de borraja, de clavel chino y de romero, una manera de lo más ecológica para proteger nuestro huerto urbano.
Como siempre, esperamos que estos consejos y remedios os sirvan para disfrutar de vuestra afición sana y ecológica con los menores sobresaltos posibles así que, ya sabéis, ¡a disfrutar del huerto!

martes, 24 de junio de 2014

Seguimos con los hongos: la negrilla

Retomamos los artículos del blog hablando un poco más sobre los problemas que pueden sufrir las plantas de nuestro huerto urbano. Se trata de la parte menos agradable de la tarea de cultivar en nuestra terraza, balcón o terreno pero ya sabemos que horticultor precavido vale por dos así que, vamos a aprender un poco más sobre los hongos. Hoy vamos a hablar del hongo negrilla.
La negrilla es una capa parecida al hollín que se genera sobre las hojas y otras partes de las plantas y es consecuencia directa de las temidas plagas de insectos que pueden afectar a nuestro huerto urbano. Estos insectos como el pulgón, la cochinilla o la mosca blanca, segregan una sustancia azucarada que dejan sobre los cultivos y que forma el ecosistema ideal para que se desarrolle la negrilla.
Por ello, como primera medida preventiva contra este tipo de hongo, tendremos que aplicar los consejos para el control de plagas de los que ya hemos hablado como el uso de los insecticidas ecológicos que podemos encontrar en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín.
Este tipo de hongo que, como ya hemos dicho, se puede identificar fácilmente al tratarse de una capa de polvo de color oscuro, es un problema básicamente estético pues, a pesar de ser una enfermedad, rara vez causa daños serios a la planta aunque sí es cierto que si el ataque es persistente, el polvillo se puede convertir en una costra opaca que dificulte a la plana poder hacer la fotosíntesis, lo que afectaría a su crecimiento normal. Además, si la negrilla aparece en situaciones de sequía, puede que, en las plantas más afectadas, marchite brotes y tallos.
Y es que el hongo negrilla puede afectar a las hojas, los tallos, los frutos o los brotes, así como aparecer en superficies que se encuentran bajo la planta como el pavimento o las paredes.
¿Qué podemos hacer para prevenir las plagas y la negrilla? Si tomamos algunas sencillas precauciones reduciremos el riesgo de que aparezca este tipo de enfermedad en nuestro huerto urbano. Por ejemplo, podemos optar por variedades de cultivos que sean más resistentes a las plagas. En este grupo tenemos a la mayoría de las aromáticas, algunas de ellas, como la menta, sirven incluso de repelente de algunos insectos como la mosca blanca. También es recomendable optar por especies autóctonas frente a las exóticas para nuestro huerto urbano ya que son más resistentes a las plagas.
Cuando ya hemos visto los primeros síntomas de la negrilla, lo primero que debemos de hacer es limpiar las partes afectadas con pulverizaciones de agua templada y a cierta presión (podemos añadir algo de jabón neutro). Podemos realizar podas de las zonas afectadas para asegurarnos de su completa eliminación y aumentar la vitalidad de las plantas mejorando y nutriendo el suelo. Después, es recomendable aplicar un insecticida con fungicida. Y ya sabemos que podemos encontrar todo lo necesario en Semillas Huerta y Jardín.
Como vemos, la negrilla es tan fácil de controlar como que sepamos tener a raya a los insectos que pueden atacar nuestro huerto urbano en forma de plaga. Así que, no perdáis las ganas de luchar contra los hongos y ¡a disfrutar del huerto!

lunes, 9 de junio de 2014

¡Cuidado con la mosca blanca!

Seguimos con nuestro repaso a las amenazas que acechan a nuestro huerto urbano. Habíamos comenzado a hablar de las plagas y, tras analizar los pormenores de la más común, la del pulgón, vamos a centrarnos hoy en la mosca blanca, un animalito que, si llega a convertirse en plaga, puede ser muy dañino ya que su ciclo vital es de aproximadamente un mes, lo que implica que puede tener hasta diez generaciones en un año en invernadero. Al aire libre tienen como mínimo, cuatro generaciones al año.
Una de las características que comparten los tipos de plagas más comunes que afectan a las plantas es que sus protagonistas se valen de sus pequeños picos para clavarlos en las hojas de nuestras plantas y chupar la savia. Característica que comparte la mosca blanca, pequeñas moscas de color blanco de unos 3 milímietros de tamaño, que se asientan principalmente en en envés de las hojas. La mosca blanca, además, es polífaga lo que significa que ataca a diversas plantas y resulta particularmente dañina en el tomate y en plantas ornamentales.
La parte positiva de la mosca blanca respecto a otras enfermedades causadas por microorganismos es que este tipo de plagas se pueden detectar a simple vista. Aún así, debemos tener claros los síntomas en la planta: las hojas, al recibir la picadura, pierden el color y adquieren un tono amarillento. Si el ataque es intenso, las hojas se abarquillan y la planta puede, incluso, perder alguna de ellas.
Como ya hemos visto con los pulgones, también en el caso de la mosca blanca los problemas no solo vienen por la presencia de estos animales sino porque favorecen al aparición de otras enfermedades como las provocadas por el hongo negrilla que se desarrolla a causa de la melaza que las moscas excretan sobre las hojas. A ello hay que sumar que las moscas, al picar a las plantas, pueden transmitir algún virus de un ejemplar infectado a otro sano y contagiarlo.
La mosca blanca se convierte en plaga, sobretodo, en verano ya que las altas temperaturas favorecen su crecimiento. También la humedad.
Pero no os preocupéis porque, como todo, la mosca blanca también tiene solución. Para evitar que se convierta en una plaga, podemos tomar varias precauciones como, por ejemplo, mantener nuestro huerto urbano siempre limpio de malas hierbas para que estos insectos no puedan refugiarse en ellas.
Si descubrimos ejemplares de mosca blanca en nuestros cultivos (recordad que se agolpan en el envés de las hojas) podemos lavar la planta con agua jabonosa lo que evitará que la plaga prolifere pero, si ya es muy grave, se debe tratar la planta con productos usados en agricultura ecológica, alternativas eficaces a los productos químicos y que puedes encontrar en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín.
Por último, podemos valernos de la propia naturaleza para controlar las plagas. Por ejemplo, plantar junto a nuestros cultivos especies más sensibles, algunas de ellas aromáticas, que funcionan como repelente sobre la mosca blanca como el tabaco ornamental o las caléndulas. Además, también podemos hacer uso de los enemigos naturales de la mosca blanca como la cales noacki, una especie de pequeña avispa, o la encarsia formosa introduciendo algunos ejemplares de manera controlada para que nos ayuden a acabar con la plaga.
Y una vez libres de mosca blanca, ¡a disfrutar del huerto!

El pulgón, enemigo público


Después de hablar de las enfermedades que pueden afectar a nuestros cultivos, las de origen fúngico -a causa de diferentes hongos- y las víricas -causadas por virus- es hora de que nos enfrentemos a otro tipo de enemigos de proporciones épicas: las plagas. Las plagas se diferencian de las enfermedades en que son causadas por el crecimiento desmesurado de la población de una especie animal que, en condiciones de equilibrio, no solo no daña a las plantas si no que, incluso, puede favorecer su desarrollo.
Hoy vamos a hablar de la plaga del pulgón, la más común de las que podemos encontrarnos en nuestro huerto urbano. Casi todas las plantas de jardín de interior se pueden ver afectadas por este pequeño animal capaz de absorber la savia de nuestras plantas succionándola con su pico y capaz también de generar la aparición del hongo negrilla, de transmitir virus y de atraer un ejército de hormigas encargadas de cuidar de los pulgones.
Como vemos, los daños que puede causar el pulgón son múltiples y, algunos de ellos, pueden ser graves pero es que, además, hay muchas especies de pulgones y, mientras unos tipos atacan solo a una planta o cultivo en concreto, otros son dañinos para varias plantas.
¿Podemos hacer algo para parar esta plaga? La respuesta es sí. La ventaja del pulgón y otras plagas frente a las enfermedades es que aquellas son causadas por organismos que, aunque diminutos (miden unos 3 milímetros), el ojo humano es capaz de verlos así que podremos actuar en cuanto veamos los primeros síntomas. ¡Atención! Es muy importante, como ya decimos, tener en cuenta que el pulgón es un elemento más del ecosistema natural donde se debe desarrollar nuestro huerto urbano así que nunca deberemos de atacarlo si no vemos una cantidad preocupantes de ejemplares. Y aún así, no debemos de eliminarlos por completo, si no, controlar su población para devolver el equilibrio natural a nuestro proyecto verde.
Los síntomas que presenten las plantas afectadas por el pulgón, además de la propia presencia de este animalito, son hojas enrolladas, pegajosas y con los brotes atacados. El pulgón prefiere los brotes tiernos así que será ahí donde se asiente preferentemente. También dejarán manchas amarillas o verde pálido en los puntos de picadura y, como ya hemos visto, suelen causar la aparición del hongo negrilla, característico por su color negro y del que ya hablaremos más adelante.
Además, los pulgones atraen a las hormigas que recogen las gotas de melaza que excretan los pulgones y están cerca de ellos para limpiarlos y protegerlos.
Si descubrimos uno o varios de estos síntomas en alguna planta de nuestro huerto urbano, será el momento de actuar por lo que debemos de ponernos como rutina revisar periódicamente nuestros cultivos ya que podremos detectar no sólo las plagas si no cualquier tipo de enfermedad que puedan padecer con cierta antelación. En el caso del pulgón, aparece entre primavera y verano así que extremaremos las precauciones durante esta época. Además, favorece su aparición la sequedad ambiental y el exceso de fertilizantes, dos factores que podemos controlar con un poco de cuidado.
También podemos controlar la proliferación de pulgones tomando algunas precauciones como la eliminación de malas hierbas y los restos de cultivo del jardín para que no les sirvan como refugio.
Pero, ¿y si aún así creemos que tenemos un problema con los pulgones? Bueno, en ese caso, vamos a actuar sobre ellos. Si hemos detectado la posible plaga en sus primeros estadios y el ataque aún es débil, lo mejor es cortar las hojas y brotes que estén dañados y eliminar los que podamos con un cepillo de dientes o suministrando a nuestra planta una buena ducha con agua jabonosa que podemos preparar en casa.
Otro remedio eco contra el pulgón es 'invitar' a sus enemigos naturales como la mariquita o la crisopa que, en estado de larva, se alimentan de pulgones, reduciendo su población. Si estamos dispuestos a usar insecticida, lo haremos sobre los primeros individuos y no nos olvidaremos de realizar varios tratamientos a lo largo del año, uno al mes en primavera y en verano, aunque siempre es recomendable comprobar que hay individuos antes de aplicar el tratamiento. Un último truco: podemos plantar cerca de las especies más sensibles al pulgón o que queremos proteger de manera especial, ejemplares de madreselva u ortiga, especies que actúan como repelentes.
Ahora que tenemos la información y los consejos para evitar que el pulgón cause estragos, no hay excusa: ¡a disfrutar del huerto!


Las plagas en el huerto urbano

Llevamos unos días hablando de las enfermedades que pueden contraer los cultivos de nuestro huerto urbano y, aunque ha sido un camino largo, no hemos acabado ni mucho menos de contar los enemigos que amenazan a diario a nuestros cultivos porque, además de las muchas enfermedades que pueden padecer (por hongos, virus o bacterias) nuestras hortalizas, flores o plantas aromáticas se enfrentan también a las plagas.
Cuando hablamos de plagas nos referimos a la proliferación descontrolada y perjudicial de algún tipo de animal que interactúa con nuestras plantas de algún modo. Y aunque el animal no sea, en sí mismo, dañino para el cultivo, puede ser que sea transmisor de algún virus o que genere las condiciones idóneas para que se desarrollen otras enfermedades como la provocada por el hongo llamado negrilla, por ejemplo.
¿De qué animales estamos hablando? Pues desde insectos y otro tipo de invertebrados como los pulgones, la cochinilla, la mosca blanca o los gusanos, hasta mamíferos como los conejos o los topos (también pueden causarnos problemas en el huerto otros mamíferos más comunes y más cercanos a nuestro huerto urbano como los perros o los gatos aunque no lleguen en forma de plagas) pasando por moluscos como los caracoles o las babosas.
¿Son peligrosos? Depende del animal con el que estemos tratando, su presencia puede ser más o menos dañina. Por lo general, las plagas son fáciles de detectar y fáciles de detener, incluso hay remedios caseros muy sencillos que acaban con algunas plagas en un santiamén. Lo que sí debemos de tener muy claro es que los insectos por sí mismos no son perjudiciales para nuestros cultivos, es más, son beneficiosos en tanto en cuanto forman parte del ecosistema equilibrado en el que se deben desarrollar nuestras plantas. El problema llega cuando el número de un determinado tipo de estos animales se descontrola, da al traste con el equilibrio natural y amenaza seriamente la salud de nuestro huerto urbano. Es entonces cuando debemos actuar.
¿Cuáles son los más comunes? Dos de las plagas más comunes en los huertos urbanos son la del pulgón y la de la mosca blanca, problemas que analizaremos en profundidad en posteriores artículos. De momento, y para ir abriendo boca, podemos ir familiarizándonos con los insecticidas ecológicos como los que podemos encontrar en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín y que no está demás tener siempre a mano ante posibles invasiones de estos visitantes no deseados que suelen presentarse en la época primaveral.
Así que, ya sabéis, no bajéis la guardia y ¡a disfrutar del huerto!

sábado, 7 de junio de 2014

El enemigo invisible: los virus vegetales

En el particular repaso que estamos haciendo a la lista de enemigos naturales de nuestros cultivos que comenzamos con los hongos, llega el turno de hablar de los virus: el enemigo invisible, otra de las enfermedades que pueden padecer las plantas. Su tamaño es tan reducido que es imposible verlo, incluso, con microscopio, pero no os confiéis porque en este caso el tamaño es verdad que no importa pues los daños que pueden causar son devastadores para nuestras plantas a las que pueden provocar, incluso, la muerte.
Los virus son microoscópicos.
Actualmente, se calcula que hay cerca de 1.000 tipos de virus vegetales. Este organismo, el más pequeño conocido hasta el momento, se transmite de una planta infectada a otra sana a través de un organismo vivo llamado vector. Las moscas blancas, de las que hablaremos en un artículo específico cuando hablemos de las plagas, tienen la capacidad de transmitir el mayor número de especies de virus.
Pero nuestro huerto urbano no estará a salvo de virus con el simple hecho de controlar las plagas de estos animalitos capaces de transmitir la infección pues los virus también se pueden contagiar a través de injertos, del polen, por el viento e, incluso, los podemos transmitir nosotros a través de nuestra ropa, de las manos o de las herramientas que utilizamos en nuestro jardín.
Los síntomas de una infección vírica se pueden ver tanto en las hojas como en la flor, el tallo o los frutos de nuestros cultivos. En el caso de las hojas, los virus se muestran como manchas en patrones de mosaico, como lesiones necróticas, estrías o amarillamiento. Los virus también pueden provocar que las hojas se enrollen y curven. En el caso de las flores, sabremos que nuestra planta padece un virus porque stas se deforman y cambian de color.
Hojas de plantas infectada por un virus.
Los síntomas en frutos y otros órganos vegetales incluyen patrones de mosaico, decoloración o malformación del fruto. En los tallos, las plantas infectadas por virus pueden desarrollar roturas, hundimientos o tumores. La infección vírica en las plantas conlleva una reducción de la calidad y del rendimiento de los cultivos y, a día de hoy, pérdidas económicas para aquellos que trabajan en la producción vegetal.
Sin embargo, las plantas tienen mecanismos de defensa elaborados y eficientes contra los virus. Uno de los más eficientes es la presencia de los llamados genes de resistencia. Cada uno de estos genes confiere resistencia a un virus determinado y desencadena la muerte celular alrededor de la célula infectada para evitar la propagación del virus. Además, cuando están infectadas, las plantas a menudo producen desinfectantes naturales que matan a los virus, como el ácido salicílico, el óxido nítrico y moléculas reactivas de oxígeno.
En los próximos artículos hablaremos de algunos de los virus más comunes que pueden infectar a las plantas y hortalizas de nuestro huerto urbano y veremos la mejor manera de detenerlos para evitar que se propaguen y causen el caos en nuestro proyecto verde.
Mientras tanto, ¡a disfrutar del huerto!


viernes, 6 de junio de 2014

¡Cuidado! Nuestro huerto también puede enfermar

Después de tener claro cómo arrancar el proyecto de nuestro huerto urbano, de determinar qué necesitamos y con qué podemos empezar, después de aprovisionarnos del material y las semillas y bulbos que queremos cultivar y después de tener bien metidas las manos en la tierra, llega el momento de hablar de aquello que puede dar al traste con todo nuestro trabajo si no estamos alerta: las enfermedades y las plagas.
Empezaremos hablando de las enfermedades. Los vegetales, como ya sabemos, son seres vivos: nacen, crecen, se reproducen, mueren y, también, enferman. Como en el caso de los seres humanos, las enfermedades pueden tener múltiples orígenes, muchas veces, imposibles de controlar y es por ello por lo que deberemos de estar atentos a los posibles síntomas pues, también como en el caso de los seres humanos, cuanto antes apliquemos el tratamiento, menos daños causará la enfermedad.
La enfermedades, en las plantas, pueden estar causadas por hongos, virus o bacterias. Cada uno de estos pequeños organismos puede generar multitud de afecciones en los cultivos. Sin ir más lejos, actualmente se conocen alrededor de 1.000 virus vegetales diferentes. Además, muchos de estos males se contagian fácilmente entre los diferentes ejemplares, tarea a la que ayudan algunos animales como la mosca blanca, una plaga también muy común en nuestros huertos urbanos. Pero de las plagas hablaremos más adelante.
Las afecciones fúngicas -causadas por hongos- son las más comunes: hasta el 95% de las enfermedades que sufren los cultivos y plantas son por su culpa. Los hongos están causados por organismos microscópicos y, aunque suelen crecer en tejidos de plantas muertas o en descomposición, algunos también se alimentan de tejido vegetal vivo. Les encanta la humedad y las altas temperaturas para desarrollarse y pueden provocar enfermedades como el mildiu, la roya o la negrilla, de las que hablaremos en otros artículos más adelante.
En el caso de los virus, su tamaño es tan reducido que es imposible verlo, incluso, con microscopio, pero no os confiéis porque los daños que pueden causar son devastadores para nuestras plantas a las que pueden provocar, incluso, la muerte. Como ya hemos comentado, existen multitud de virus vegetales. Algunos de los más comunes son el del mosaico del tomate, el virus moteado suave del pimiento o el del mosaico de la sandía, entre otros.
En las próximas entradas vamos a ir desgranando algunos de estos enemigos invisibles que acechan a nuestros cultivos para conocerlos en profundidad, identificar sus síntomas y, lo más importante, aplicar los tratamientos cuanto antes. En el catálogo de productos de Semillas Huerta y Jardín, tenemos un amplio abanico de tratamientos para curar a nuestras plantas de estas enfermedades.
Mientras tanto, ya sabéis, ¡a disfrutar del huerto!

Hortalizas para horticultores novatos

Ya tenemos todo lo necesario para comenzar a cultivar. Ahora queda preguntarse ¿qué semillas escogemos para sumergirnos en nuestra primera aventura hortícola?
En Semillas Huerta y Jardín creemos que lo mejor es comenzar con hortalizas que sean sencillas de cuidar para no desanimarnos en nuestro primer intento de jardineros novatos.
Ahora bien, ¿qué entendemos por sencillas de cuidar?, ¿qué características deben tener las plantas seleccionadas? Unas buenísimas preguntas.
Para empezar, queremos hortalizas que estén bien adaptadas al cultivo en recipientes, evidentemente, ya que nosotros lo que tenemos es un huerto urbano.
Una vez cumplida esta característica, necesitamos que no suelan verse afectadas por enfermedades graves o plagas –todas las plantas tienen algún tipo de riesgo de verse atacadas, estamos hablando de la salvaje naturaleza, pero hay algunas más propensas que otras-.
También vamos a buscar un cultivo de ciclo corto. Tranquilos, nos detenemos brevemente en este punto. ¿Qué significa eso de ciclo corto? Cuando hablamos de ciclo, nos referimos al tiempo que tarda una planta entre que la plantamos y da fruto. Un ciclo corto implica que vamos a tener nuestra hortaliza lista para la mesa en poco tiempo. Y esto significa, por un lado, que veremos antes recompensados nuestros esfuerzos y que, por otro lado, el tiempo que debemos dedicar a cuidar nuestro cultivo es menor, lo que nos reduce el tiempo para que metamos la pata o se nos complique la cosa. ¡Perfecto! ¡Ah! Esto además nos va a permitir tener cosecha todo el año, una cosecha que, además, ya conocemos.
Otra característica que vamos a buscar es que las plantas que puedan sembrarse durante prácticamente todo el año, ya sea primavera, otoño o verano.
Lo que nos da una pista de otra ventaja: se va a tratar de cultivos poco exigentes en lo que se refiere a temperatura, es decir, que el intervalo entre la temperatura más baja que soportan y la más alta va a ser mucho mayor. Algunas, incluso, van a tolerar las heladas. De todas formas, siempre hay una temperatura ideal para cultivar y es mejor que intentemos siempre escoger el tiempo adecuado para sembrar.
De igual manera, buscaremos hortalizas poco exigentes en todos los aspectos: el suelo, el riego, sin necesidad de tutoreo –al menos, al principio-.
Así a la mente, se nos vienen unas cuantas: la lechuga, las acelgas o los rábanos –de los que hablaremos con detalle en los próximos posts-.
Como veis, son hortalizas que solemos consumir a menudo, así que, en realidad, nuestra falta de experiencia no nos va a privar de hacer deliciosas ensaladas –entre otros platos- con hortalizas ecológicas, naturales y saludables.
Y ahora que ya tenemos en mente el tipo de cultivo que necesitamos, es el momento de pasarnos por el catálogo de semillas de Semillas Huerta y Jardín, donde podremos elegir qué plantamos. Vamos a encontrar muchas opciones, ¡pero intentad empezar por lo fácil!

¡A disfrutar del huerto!