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martes, 1 de julio de 2014

Un poco más sobre virus: el mosaico de la calabaza

Volvemos un día más a hablar de los virus que pueden hacer enfermar a los ejemplares de nuestro huerto urbano. En el blog hemos tratado largo y tendido este tema pero es bueno que ampliemos en la medida de lo posible nuestros conocimientos sobre los problemas y enfermedades que pueden sufrir nuestros cultivos porque ya sabemos lo productivo que resulta conocer al enemigo.
Hoy, el objeto de nuestro análisis va a ser otro de los virus propios de las cucurbitáceas: el virus del mosaico de la calabaza. Como el de la sandía que vimos en el post anterior, el virus del mosaico de la calabaza puede afectar a la mayoría de variedades de cucurbitáceas (melón, pepino, calabazas, calabacín...) y, principalmente, causa el enanismo de la planta y la deformación del fruto lo que daría al traste con el cultivo.
De nuevo nos encontramos ante un virus que, como ya sabemos de sobra, se trata de un microorganismo que puede contagiarse de planta a planta por el roce entre ellas, a causa de una semilla infectada o a través de los llamados vectores: seres vivos que sirven de transporte para que el virus pueda viajar de un ejemplar infectado hasta uno sano. Hablamos de insectos como la mosca blanca o los pulgones pero, también podemos ser nosotros mismos los causantes transmitiendo el virus en nuestra ropa, calzado o herramientas.
Por ello es muy importante que nos deshagamos de los ejemplares que estén infectados porque el virus no se puede tratar y curar, tan solo, poner todos los medios disponibles para prevenir su aparición y, por supuesto, para evitar su propagación. Medidas como utilizar solo semillas de calidad y seguras, eliminar los ejemplares dañados así como las malas hierbas, prevenir la aparición de plagas de insectos y tener especial cuidado de no tocar con las manos o herramientas un ejemplar sano después de haber trabajado con uno enfermo.
Y volviendo al virus del mosaico de la calabaza, ¿cuáles son los síntomas? Las plantas infectadas por este virus presentan hojas rizadas, con amarillamiento con áreas verdes entre las venas de las hojas, deformación y manchas moteadas. Como ya hemos dicho, es un virus que causa enanismo en las plantas que infecta y, en los frutos, se puede observar cierta deformación y moteado.
¿Qué debemos hacer? El procedimiento en el caso de las enfermedades causadas por virus suele ser el mismo: eliminar las plantas infectadas (también es recomendable hacer lo mismo con las colindantes) y extremar las precauciones para prevenir nuevas infecciones. Además de las medidas cautelares que tenemos que adoptar respecto a nuestros hábitos de trabajo en el huerto, ya hemos visto la importancia de prevenir las plagas de insectos que, en muchos casos, son los transmisores de los virus de una planta a otra. 
En el blog también hemos hablado de cómo prevenir las plagas y, entre las medidas, existe la posibilidad de utilizar algún tipo de insecticida, eso sí, siempre ecológico y respetuoso con el medio ambiente como los del catálogo de productos de Semillas Huerta y Jardín.
Ahora que disponemos de más información sobre cómo cuidarlo, ¡a disfrutar del huerto!

jueves, 26 de junio de 2014

Hablemos de virus. Hoy, el del mosaico de la sandía

Volvemos a la carga ya entrado el verano con más energía si cabe, la que nos da saber que tenemos unas horas más de luz al día, que se acercan las vacaciones y que, quizá, podamos dedicar un poquito más de tiempo a nuestro huerto urbano. Y no solo a regar, sembrar o abonar sino, también, a leer y a aprender cosas relacionadas con la horticultura como, por ejemplo, las enfermedades y los problemas que pueden sufrir nuestras cultivos.
Por eso, después de hablar de algunos hongos en los últimos artículos del blog como la negrilla o el oídio, hoy vamos a volver al tema de los virus, microorganismos causantes de una gran variedad de enfermedades en los cultivos. En concreto, hablaremos del virus de mosaico de la sandía, un virus que afecta a los cultivos del tipo de las cucurbitáceas (melones, calabazas, calabacines...) y a muchas especies de leguminosas. Se estima que este virus puede infectar a más de 160 especies de plantas.
Los síntomas varían mucho y dependen de la especie de cucurbitácea afectada, el modo de cultivar, la cepa del virus y factores ambientales pero, por lo general, los síntomas observados en las hojas son mosaicos de color verde, arrugamiento, anillos cloróticos y malformación. Los frutos no resultan demasiado afectados.
Debemos de recordar que, una vez afectada la planta, no hay tratamiento más allá de evitar la propagación y el contagio entre ejemplares atajando por el camino más corto, como se suele decir: eliminando las plantas infectadas por el virus. ¿Y cómo evitamos el contagio? Buena pregunta. En artículos anteriores ya hablamos de la facilidad con la que, nosotros mismos, podemos ser los transmisores de los virus de una planta a otra a través de la ropa, las herramientas que usamos en el jardín, etc. Así que será recomendable poner especial atención en este aspecto en cuanto sospechemos que nuestro huerto urbano puede tener un ejemplar infectado.
Pero los virus también se pueden contagiar a través de injertos, del polen, por el viento o, directamente, sembrando una semilla infectada aunque esta última opción no es un problema en el caso que nos ocupa pues el virus del mosaico de la sandía es un tipo de virus que no se transmite a las semillas. Sin embargo, sí viaja de una planta a otra a través de insectos, especialmente, del pulgón.
Así que, otra de las maneras de evitar o prevenir que nuestros cultivos se vean afectados y resulten infectados por el virus del mosaico de la sandía o por algún otro tipo de virus es prevenir la aparición de plagas en nuestro huerto urbano. Y ya sabemos que en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín disponemos de multitud de productos para conseguirlo.
Si pese a todos nuestros esfuerzos, creemos que podemos tener plantas contagiadas por este tipo de virus, lo importante en el control de esta enfermedad es realizar las prácticas a tiempo: la limpieza de restos de cultivos y plantas infectadas, la eliminación de malas hierbas en la parcela, la limpieza de los bordes de los lotes o no asociar el cultivo en la misma parcela.
Con estas sencillas técnicas preventivas, nuestro huerto urbano debería de estar a salvo de virus pero, como nunca viene mal extremar las precauciones, recordad comprar las semillas que vayáis a plantar en un sitio de confianza. En Semillas Huerta y Jardín tenemos una gran variedad de semillas y brotes para escoger. Ahora sí, ¡a disfrutar del huerto!

lunes, 9 de junio de 2014

El pulgón, enemigo público


Después de hablar de las enfermedades que pueden afectar a nuestros cultivos, las de origen fúngico -a causa de diferentes hongos- y las víricas -causadas por virus- es hora de que nos enfrentemos a otro tipo de enemigos de proporciones épicas: las plagas. Las plagas se diferencian de las enfermedades en que son causadas por el crecimiento desmesurado de la población de una especie animal que, en condiciones de equilibrio, no solo no daña a las plantas si no que, incluso, puede favorecer su desarrollo.
Hoy vamos a hablar de la plaga del pulgón, la más común de las que podemos encontrarnos en nuestro huerto urbano. Casi todas las plantas de jardín de interior se pueden ver afectadas por este pequeño animal capaz de absorber la savia de nuestras plantas succionándola con su pico y capaz también de generar la aparición del hongo negrilla, de transmitir virus y de atraer un ejército de hormigas encargadas de cuidar de los pulgones.
Como vemos, los daños que puede causar el pulgón son múltiples y, algunos de ellos, pueden ser graves pero es que, además, hay muchas especies de pulgones y, mientras unos tipos atacan solo a una planta o cultivo en concreto, otros son dañinos para varias plantas.
¿Podemos hacer algo para parar esta plaga? La respuesta es sí. La ventaja del pulgón y otras plagas frente a las enfermedades es que aquellas son causadas por organismos que, aunque diminutos (miden unos 3 milímetros), el ojo humano es capaz de verlos así que podremos actuar en cuanto veamos los primeros síntomas. ¡Atención! Es muy importante, como ya decimos, tener en cuenta que el pulgón es un elemento más del ecosistema natural donde se debe desarrollar nuestro huerto urbano así que nunca deberemos de atacarlo si no vemos una cantidad preocupantes de ejemplares. Y aún así, no debemos de eliminarlos por completo, si no, controlar su población para devolver el equilibrio natural a nuestro proyecto verde.
Los síntomas que presenten las plantas afectadas por el pulgón, además de la propia presencia de este animalito, son hojas enrolladas, pegajosas y con los brotes atacados. El pulgón prefiere los brotes tiernos así que será ahí donde se asiente preferentemente. También dejarán manchas amarillas o verde pálido en los puntos de picadura y, como ya hemos visto, suelen causar la aparición del hongo negrilla, característico por su color negro y del que ya hablaremos más adelante.
Además, los pulgones atraen a las hormigas que recogen las gotas de melaza que excretan los pulgones y están cerca de ellos para limpiarlos y protegerlos.
Si descubrimos uno o varios de estos síntomas en alguna planta de nuestro huerto urbano, será el momento de actuar por lo que debemos de ponernos como rutina revisar periódicamente nuestros cultivos ya que podremos detectar no sólo las plagas si no cualquier tipo de enfermedad que puedan padecer con cierta antelación. En el caso del pulgón, aparece entre primavera y verano así que extremaremos las precauciones durante esta época. Además, favorece su aparición la sequedad ambiental y el exceso de fertilizantes, dos factores que podemos controlar con un poco de cuidado.
También podemos controlar la proliferación de pulgones tomando algunas precauciones como la eliminación de malas hierbas y los restos de cultivo del jardín para que no les sirvan como refugio.
Pero, ¿y si aún así creemos que tenemos un problema con los pulgones? Bueno, en ese caso, vamos a actuar sobre ellos. Si hemos detectado la posible plaga en sus primeros estadios y el ataque aún es débil, lo mejor es cortar las hojas y brotes que estén dañados y eliminar los que podamos con un cepillo de dientes o suministrando a nuestra planta una buena ducha con agua jabonosa que podemos preparar en casa.
Otro remedio eco contra el pulgón es 'invitar' a sus enemigos naturales como la mariquita o la crisopa que, en estado de larva, se alimentan de pulgones, reduciendo su población. Si estamos dispuestos a usar insecticida, lo haremos sobre los primeros individuos y no nos olvidaremos de realizar varios tratamientos a lo largo del año, uno al mes en primavera y en verano, aunque siempre es recomendable comprobar que hay individuos antes de aplicar el tratamiento. Un último truco: podemos plantar cerca de las especies más sensibles al pulgón o que queremos proteger de manera especial, ejemplares de madreselva u ortiga, especies que actúan como repelentes.
Ahora que tenemos la información y los consejos para evitar que el pulgón cause estragos, no hay excusa: ¡a disfrutar del huerto!


Las plagas en el huerto urbano

Llevamos unos días hablando de las enfermedades que pueden contraer los cultivos de nuestro huerto urbano y, aunque ha sido un camino largo, no hemos acabado ni mucho menos de contar los enemigos que amenazan a diario a nuestros cultivos porque, además de las muchas enfermedades que pueden padecer (por hongos, virus o bacterias) nuestras hortalizas, flores o plantas aromáticas se enfrentan también a las plagas.
Cuando hablamos de plagas nos referimos a la proliferación descontrolada y perjudicial de algún tipo de animal que interactúa con nuestras plantas de algún modo. Y aunque el animal no sea, en sí mismo, dañino para el cultivo, puede ser que sea transmisor de algún virus o que genere las condiciones idóneas para que se desarrollen otras enfermedades como la provocada por el hongo llamado negrilla, por ejemplo.
¿De qué animales estamos hablando? Pues desde insectos y otro tipo de invertebrados como los pulgones, la cochinilla, la mosca blanca o los gusanos, hasta mamíferos como los conejos o los topos (también pueden causarnos problemas en el huerto otros mamíferos más comunes y más cercanos a nuestro huerto urbano como los perros o los gatos aunque no lleguen en forma de plagas) pasando por moluscos como los caracoles o las babosas.
¿Son peligrosos? Depende del animal con el que estemos tratando, su presencia puede ser más o menos dañina. Por lo general, las plagas son fáciles de detectar y fáciles de detener, incluso hay remedios caseros muy sencillos que acaban con algunas plagas en un santiamén. Lo que sí debemos de tener muy claro es que los insectos por sí mismos no son perjudiciales para nuestros cultivos, es más, son beneficiosos en tanto en cuanto forman parte del ecosistema equilibrado en el que se deben desarrollar nuestras plantas. El problema llega cuando el número de un determinado tipo de estos animales se descontrola, da al traste con el equilibrio natural y amenaza seriamente la salud de nuestro huerto urbano. Es entonces cuando debemos actuar.
¿Cuáles son los más comunes? Dos de las plagas más comunes en los huertos urbanos son la del pulgón y la de la mosca blanca, problemas que analizaremos en profundidad en posteriores artículos. De momento, y para ir abriendo boca, podemos ir familiarizándonos con los insecticidas ecológicos como los que podemos encontrar en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín y que no está demás tener siempre a mano ante posibles invasiones de estos visitantes no deseados que suelen presentarse en la época primaveral.
Así que, ya sabéis, no bajéis la guardia y ¡a disfrutar del huerto!

sábado, 7 de junio de 2014

Tipos de virus: el virus moteado suave del pimiento

Volvemos con fuerza para enfrentarnos a otra de las enfermedades que puede afectar a los cultivos de nuestro huerto urbano. Tras hablar de los hongos como el mildiu y la roya, en Semillas Huerta y Jardín quisimos analizar otro tipo de enfermedades como son las causadas por los virus.
Dentro de esta clase de males que amenaza a nuestras plantas, ya hemos hablado del mosaico del tomate que, además de al tomate, básico en cualquier huerto urbano, también puede afectar a otros cultivos como la berenjena o el pepino dulce. Hoy vamos a hablaros del conocido como virus moteado suave del pimiento.
Después del virus del mosaico del tomate, el moteado suave del pimiento es el que tiene más incidencia en los cultivos en España y al igual que aquel, se trasmite por contacto, por lo que la opción de actuar sobre los vectores (transmisores de los virus de una planta a otra como la mosca blanca en el caso de algunas enfermedades víricas) queda descartada a la hora de prevenir su aparición.
¿Cuáles son los síntomas? En el caso del mosaico del tomate, los síntomas se apreciaban en las hojas, sobretodo, pero, en el caso del virus moteado suave del pimiento, los síntomas en la planta son poco evidentes y donde veremos su aparición con claridad será en los frutos. En concreto, tendrán un tamaño menor del habitual y presentarán manchas, bultos e, incluso, zonas necróticas o deprimidas.
¿Y el tratamiento? En el caso del tratamiento, lo principal es destruir la planta que esté infectada y evitar la diseminación de la enfermedad por contacto a través de personas o herramientas que hayan podido estar en contacto con cultivos contaminados. De nuevo la prevención, las revisiones periódicas y una buena rutina de desinfección de los utensilios que empleamos en nuestro huerto urbano son muy importantes para evitar que esta enfermedad se propague entre nuestros cultivos.
¿Se puede prevenir? Como comentábamos antes, también en referencia al virus del mosaico del tomate, este tipo de virus se transmite por contacto y no por agentes externos sobre los que podamos actuar así que, la mejor prevención es asegurarnos de usar semillas limpias de virus y atajar el problema en cuanto veamos los primeros síntomas.
Y ahora que ya sabemos qué son y cómo tratar los virus más comunes, en Semillas Huerta y Jardín vamos a seguir mostrándoos cuáles son las amenazas más comunes con las que tendréis que lidiar para sacar adelante vuestro huerto urbano ya que, además de las enfermedades de las que hemos hablado últimamente, nuestros cultivos también puede verse sorprendidos por las temidas plagas y tenemos que estar preparados.
Mientras tanto, ¡a disfrutar del huerto!

Tipos de virus: el mosaico del tomate

Virus con forma de mosaico en una planta de alfalfa.
Después de analizar en el post anterior qué son los virus vegetales y cómo pueden afectar a nuestro huerto urbano, seguimos con los artículos dedicados a las enfermedades específicas de nuestras plantas y es hora de describir algunos de esos virus para estar prevenidos ante su posible desembarco. Vamos a hablar de algunos de los virus que afectan a los cultivos más comunes en los huertos urbanos que son los que nos pueden afectar a nosotros. El primero que analizaremos es el conocido como mosaico del tomate.
Como su propio nombre indica, es una enfermedad típica del tomate aunque también afecta a otras especies cultivadas de la familia solanaceae que es muy posible que tengamos en nuestro huerto como el pimiento, la berenjena o el pepino dulce.
Y, ¿cuáles son los síntomas? Pues en el tomate, el síntoma más característico consiste en el moteado de las hojas con manchas de color amarillo o de un tono verde claro con otras de color verde oscuro formando los mosaicos que dan nombre a la enfermedad. Sin embargo, puede ser que este síntoma no sea tan evidente al principio de la infección. Estad atentos también a la forma de las hojas pues se deforman y se rizan. Además, deberemos de tener en cuenta que las altas temperaturas pueden enmascarar los síntomas por lo que una revisión periódica y constante de nuestras plantas se hace imprescindible.
Cuando las infecciones son prematuras, es decir, en ejemplares muy jóvenes, el virus limita el crecimiento de la planta, el tamaño y el número de frutos.
En los frutos, el virus se aprecia porque aquellos reducen su tamaño y presentan manchas amarillas, generalmente, en forma de anillos. Pero, como en todas las enfermedades de las plantas, la intensidad de los síntomas puede variar dependiendo de varios factores. En el caso del virus del mosaico del tomate influyen sobre los síntomas la cepa del virus, la intensidad de la luz, la temperatura, la edad de la planta en el momento de la infección, la cantidad de nitrógeno que contenga el suelo...
¿Qué consecuencias puede tener en mi huerto? Es un virus muy estable y contagioso que puede llegar a perdurar en el suelo de nuestro huerto urbano de uno a dos años e, incluso, puede que resista al proceso de compostaje. Sobrevive también en los restos de plantas infectadas así como en las herramientas y hasta en la ropa y se transmite básicamente por contacto directo entre plantas vecinas provocado por el viento o por nuestras propias manos.
¿Qué podemos hacer? Cuando detectemos los síntomas de esta enfermedad en alguna de nuestras plantas, lo más recomendable para ayudar a minimizar la incidencia y expansión del virus es arrancarla y destruirla de forma segura.
No existe ningún método totalmente eficaz para prevenir la aparición de esta enfermedad pero podemos tomar medidas como asegurarnos de que las semillas provienen de plantas sanas y, en todo caso, para mayor seguridad, deben elegirse los frutos de racimos bajos que posiblemente hayan escapado a la infección.
Además, como ya hemos visto, el contagio se produce a través de nuestras manos, ropa o herramientas así que mantener una cuidada higiene y una rutina de limpieza y desinfección disminuirán la posibilidad de contagio. Cuando estemos manipulando plantones, es recomendable sumergir las manos en leche ya que, ante la presencia de alguna planta infectada, los microorganismos se quedan 'enganchados' en la leche y no se transmiten a otras plantas sanas.
En próximos artículos veremos otro tipo de enfermedades causadas por virus que, como hemos visto, pueden causar el caos entre nuestros cultivos.
Mientras tanto, ¡a disfrutar del huerto!

El enemigo invisible: los virus vegetales

En el particular repaso que estamos haciendo a la lista de enemigos naturales de nuestros cultivos que comenzamos con los hongos, llega el turno de hablar de los virus: el enemigo invisible, otra de las enfermedades que pueden padecer las plantas. Su tamaño es tan reducido que es imposible verlo, incluso, con microscopio, pero no os confiéis porque en este caso el tamaño es verdad que no importa pues los daños que pueden causar son devastadores para nuestras plantas a las que pueden provocar, incluso, la muerte.
Los virus son microoscópicos.
Actualmente, se calcula que hay cerca de 1.000 tipos de virus vegetales. Este organismo, el más pequeño conocido hasta el momento, se transmite de una planta infectada a otra sana a través de un organismo vivo llamado vector. Las moscas blancas, de las que hablaremos en un artículo específico cuando hablemos de las plagas, tienen la capacidad de transmitir el mayor número de especies de virus.
Pero nuestro huerto urbano no estará a salvo de virus con el simple hecho de controlar las plagas de estos animalitos capaces de transmitir la infección pues los virus también se pueden contagiar a través de injertos, del polen, por el viento e, incluso, los podemos transmitir nosotros a través de nuestra ropa, de las manos o de las herramientas que utilizamos en nuestro jardín.
Los síntomas de una infección vírica se pueden ver tanto en las hojas como en la flor, el tallo o los frutos de nuestros cultivos. En el caso de las hojas, los virus se muestran como manchas en patrones de mosaico, como lesiones necróticas, estrías o amarillamiento. Los virus también pueden provocar que las hojas se enrollen y curven. En el caso de las flores, sabremos que nuestra planta padece un virus porque stas se deforman y cambian de color.
Hojas de plantas infectada por un virus.
Los síntomas en frutos y otros órganos vegetales incluyen patrones de mosaico, decoloración o malformación del fruto. En los tallos, las plantas infectadas por virus pueden desarrollar roturas, hundimientos o tumores. La infección vírica en las plantas conlleva una reducción de la calidad y del rendimiento de los cultivos y, a día de hoy, pérdidas económicas para aquellos que trabajan en la producción vegetal.
Sin embargo, las plantas tienen mecanismos de defensa elaborados y eficientes contra los virus. Uno de los más eficientes es la presencia de los llamados genes de resistencia. Cada uno de estos genes confiere resistencia a un virus determinado y desencadena la muerte celular alrededor de la célula infectada para evitar la propagación del virus. Además, cuando están infectadas, las plantas a menudo producen desinfectantes naturales que matan a los virus, como el ácido salicílico, el óxido nítrico y moléculas reactivas de oxígeno.
En los próximos artículos hablaremos de algunos de los virus más comunes que pueden infectar a las plantas y hortalizas de nuestro huerto urbano y veremos la mejor manera de detenerlos para evitar que se propaguen y causen el caos en nuestro proyecto verde.
Mientras tanto, ¡a disfrutar del huerto!


viernes, 6 de junio de 2014

¡Cuidado! Nuestro huerto también puede enfermar

Después de tener claro cómo arrancar el proyecto de nuestro huerto urbano, de determinar qué necesitamos y con qué podemos empezar, después de aprovisionarnos del material y las semillas y bulbos que queremos cultivar y después de tener bien metidas las manos en la tierra, llega el momento de hablar de aquello que puede dar al traste con todo nuestro trabajo si no estamos alerta: las enfermedades y las plagas.
Empezaremos hablando de las enfermedades. Los vegetales, como ya sabemos, son seres vivos: nacen, crecen, se reproducen, mueren y, también, enferman. Como en el caso de los seres humanos, las enfermedades pueden tener múltiples orígenes, muchas veces, imposibles de controlar y es por ello por lo que deberemos de estar atentos a los posibles síntomas pues, también como en el caso de los seres humanos, cuanto antes apliquemos el tratamiento, menos daños causará la enfermedad.
La enfermedades, en las plantas, pueden estar causadas por hongos, virus o bacterias. Cada uno de estos pequeños organismos puede generar multitud de afecciones en los cultivos. Sin ir más lejos, actualmente se conocen alrededor de 1.000 virus vegetales diferentes. Además, muchos de estos males se contagian fácilmente entre los diferentes ejemplares, tarea a la que ayudan algunos animales como la mosca blanca, una plaga también muy común en nuestros huertos urbanos. Pero de las plagas hablaremos más adelante.
Las afecciones fúngicas -causadas por hongos- son las más comunes: hasta el 95% de las enfermedades que sufren los cultivos y plantas son por su culpa. Los hongos están causados por organismos microscópicos y, aunque suelen crecer en tejidos de plantas muertas o en descomposición, algunos también se alimentan de tejido vegetal vivo. Les encanta la humedad y las altas temperaturas para desarrollarse y pueden provocar enfermedades como el mildiu, la roya o la negrilla, de las que hablaremos en otros artículos más adelante.
En el caso de los virus, su tamaño es tan reducido que es imposible verlo, incluso, con microscopio, pero no os confiéis porque los daños que pueden causar son devastadores para nuestras plantas a las que pueden provocar, incluso, la muerte. Como ya hemos comentado, existen multitud de virus vegetales. Algunos de los más comunes son el del mosaico del tomate, el virus moteado suave del pimiento o el del mosaico de la sandía, entre otros.
En las próximas entradas vamos a ir desgranando algunos de estos enemigos invisibles que acechan a nuestros cultivos para conocerlos en profundidad, identificar sus síntomas y, lo más importante, aplicar los tratamientos cuanto antes. En el catálogo de productos de Semillas Huerta y Jardín, tenemos un amplio abanico de tratamientos para curar a nuestras plantas de estas enfermedades.
Mientras tanto, ya sabéis, ¡a disfrutar del huerto!