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viernes, 18 de julio de 2014

La Xerojardineria o jardinería sin agua

Si en el anterior post hablamos del tema de cómo regar nuestro huerto durante la vacaciones, hoy vamos a hablar de todo lo contrario. El tema a tratar va a ser: cómo tener un jardín que apenas necesita agua la "Xerojardineria".
El concepto nació en Usa durante la década de los años 80, concretamente en los estados de Colorado y California. Las graves sequías que sufrieron ambos estados durante los últimos años 70 y principios de los 80 provocaron la necesidad de tener jardines con escasos consumos de agua.
Esta práctica se hizo popular en todo el mundo por las muchas ventajas que acarrea sobre todo en zonas donde el agua es un bien escaso. En España se desarrollo con fuerza durante la última década del siglo pasado en zonas del sur donde el agua no es un bien abundante.
A la vez de apostar por el consumo indispensable de agua la Xerojardineria aboga por la no utilización de agentes químicos en los jardines, por la utilización de técnicas ecológicas de jardinería y por el diseño racional de los jardines que limiten el gasto de recursos limitados.
Otra apuesta importante de la Xerojardineria es el uso de plantas autóctonas del lugar donde vayamos a instalar este tipo de jardín debido a su mejor adaptación al clima de la zona y por consiguiente la menor necesidad de cuidados de estas plantas que otras que sean de zonas climáticas muy distintas.
Y sin más dilación vamos a dejaros un link donde vais a poder ver la creación en directo de un jardín bajo en mantenimiento, hablamos del post de nuestro amigo Ángel autor del blog  Magia del Paisaje, os aseguramos que vais a querer un jardín igual en casa.

Saludos!

jueves, 17 de julio de 2014

Regar a distancia

Llega el verano, el buen tiempo y las más que merecidas vacaciones y seguro que muchos de nosotros tenemos previsto hacer alguna escapada más o menos larga, hacer las maletas y cerrar bien nuestra casa para desconectar unos días y cambiar de aires. Y entre los preparativos para marcharnos con tranquilidad no puede faltar el típico encargo a un familiar, amigo o vecino: “pasa de vez en cuando y riégame las plantas”.
Pero a veces, o no disponemos de alguien que lo pueda hacer o no nos apetece dejar las llaves de casa, así que tenemos que pensar cómo conseguir que, a la vuelta de las vacaciones, nuestro huerto urbano siga tan lustroso como lo dejamos. Hoy vamos a ver cómo instalar un riego por goteo en nuestra mesa de cultivo y cómo adaptarle un programador automático.
Si habéis empezado hace poco vuestro huerto urbano, es posible que hayáis optado, de momento, por el riego manual, sobretodo, si estáis cultivando en macetas independientes. Usar la regadera de toda la vida es práctico porque permite controlar el agua que aportamos a cada uno de nuestros cultivos porque ya sabemos que no todos necesitan la misma cantidad ni al mismo tiempo pero, además de obligarnos a esta físicamente con nuestras plantas -lo que es difícil si nos vamos de vacaciones- no es el modo más eficiente ni económico ya que, por mucho cuidado que tengamos, se acaba derrochando el agua.
En el blog ya hemos hablado del riego y de los diferentes métodos existentes como el riego por aspersión, el acolchado o el que hoy nos ocupa: el riego por goteo. Las ventajas de este último, además de mejorar el uso del agua utilizando solo la indispensable pasan también por permitir un riego más constante, es decir, menos cantidades de agua pero con menos tiempo de separación entre un riego y otro. Esto permite reducir el conocido como 'estrés hídrico' de las plantas ya que no notan una excesiva diferencia de cantidad de agua en sus raíces entre un momento de riego y otro.
Además, el riego por goteo es muy fácil de instalar, cómodo, se adapta a cualquier cultivo y evita que las escorrentías de agua eliminen los nutrientes del suelo ya que la cantidad de agua y su velocidad son demasiado bajas como para arrastrar la tierra. Y, por último, y por lo que hemos empezado hablando de este mecanismo: nos permite programar el riego en ausencias prolongadas o siempre que queramos.
Este sistema consiste en administrar pequeñas cantidades de agua mediante una red de tubos que cuentan con orificios especiales diseñados para no obstruirse con la tierra. Lo mejor del riego por goteo es que distribuye el agua de manera que va a ser totalmente utilizada por las plantas, sin perderse nada y, además, con este sistema es difícil que aparezcan malas hierbas entre nuestras hortalizas, ya que podemos controlar el caudal de riego y la frecuencia de una manera exacta.
Podemos usarlo sin problemas tanto si cultivamos en macetas como si usamos mesas de cultivo. En Semillas Huerta y Jardín encontramos un kit de riego por goteo que trae un sistema con 24 goteros de régimen turbulento de cuatro litros por hora a un bar (unidad de presión). Son seis metros de tubería de riego de cuatro milímetros. Además, cuenta con un convertidor para pasar de tubería de 16 milímetros a tubería de 4 milímetros. Se trata de un kit al que se le puede adaptar un programador automático.
Este programador se coloca en el grifo. Hay que procurar que la unión sea precisa ya que el grifo se quedará abierto y será el programador el que controle el paso del agua. Simplemente, hay que unir el tubo de riego y llevarlo hasta nuestros cultivos. Cuando tengamos el 'croquis' hecho de por dónde irá el tubo de riego -para las curvas nos serán muy útiles las piezas en forma de codos y de 'T'- sólo tenemos que hacer los orificios oportunos en el tubo junto a cada planta y acoplarle las boquillas difusoras.
Al usar un tubo maleable, el riego por goteo permite utilizarlo tanto con mesas de cultivo como con macetas e ir ampliando la instalación -sin realizar movimientos de tierra ni ninguna obra costosa y farragosa- a medida que crece nuestro huerto urbano. Eso sí, a la hora de programar, tened en cuenta la estación en la que nos encontramos: por ejemplo, una mesa de cultivo de 1 metros cuadrado con 20 centímetros de profundidad necesitará, aproximadamente, un litro de agua por semana en invierno y 30 litros por semana en los meses de verano. Si no disponemos de un grifo cerca de nuestro huerto urbano, podemos colocar un pequeño bidón con un grifo acoplado.
Cuando tengamos la instalación hecha, solo tenemos que programar el riego, cerrar bien ventanas y puertas y disfrutar de las vacaciones (Y, a la vuelta, ¡a disfrutar del huerto!).

miércoles, 4 de junio de 2014

¿Qué es una semilla?

Y hemos llegado al último imprescindible para poder cultivar nuestro propio huerto urbano en casa. Hasta ahora hemos hablado del agua, la luz, los sustratos y hasta de los recipientes, pero queda la estrella de nuestro huerto. ¿Ya sabéis lo que nos falta? Pues sí, exacto, ha llegado el momento de lanzarnos a por las semillas que vamos a cultivar.
Como siempre, comencemos por el principio. ¿Qué son las semillas y cómo se producen? Son la parte del fruto que va a dar origen a una nueva planta. La semilla se produce por la maduración de un óvulo de una panta gimnosperma –cuyos óvulos y semillas no se forman en cavidades cerradas- o de una angiosperma –cuyas semillas están encerradas y protegidas por la pared del ovario- y contiene un embrión del que podrá desarrollarse una nueva planta.
Tras la parte teórica, llega la pregunta más práctica, ¿por qué sembrar semillas? Es cierto que hay otras maneras de poner en marcha el huerto, por ejemplo, con plantones –una planta ya crecida que colocaremos en la maceta-, pero en Semillas Huerta y Jardín preferimos las semillas.
Por un lado, porque somos nosotros los que cuidamos a nuestras hortalizas desde el principio en un proceso que imita exactamente al que vemos en la naturaleza y, por otro, porque es una forma bastante económica de tener un huerto: tras adquirir nuestras primeras semillas, las siguientes las vamos a obtener de nuestras cosechas.
Evidentemente, estamos hablando de un proceso que implica más trabajo que si escogiésemos plantones, ya que empezamos de cero y tenemos que cuidar las semillas hasta que germinan y se convierten en los estos, pero creemos que merece la pena.
Como siempre, podemos elegir nuestras semillas en el catálogo de semillas de Semillas Huerta y Jardín. La variedad es inmensa, por ejemplo, podemos escoger entre semillas de flores, que van a darle un toque de color y olor a nuestro huerto, de plantas aromáticas -de las que ya hablaremos en futuros posts-, de semillas de hortalizas de raíz –como las zanahorias, el rabanito o el nabo- o de semillas de hortalizas de hoja –como la acelga, la achicoria o el apio-.
También y por supuesto tenemos la opción de adquirir semillas ecológicas, de las que hablaremos muy pronto, y con las que respetaremos el medio ambiente al 100% volviendo a los orígenes de la horticultura, donde se plantaba lo que daba la naturaleza tal cual.
Pero no nos volvamos locos, poco a poco iremos hablando de todo lo que podemos cultivar desde la semilla, empezando por las hortalizas más sencillas con las que todo novato puede iniciarse.
Por hoy ya tenemos bastante información, en la siguiente entrada ya nos meteremos en ‘matierra’ –juego de palabras fácil, muy fácil, pedimos disculpas de antemano- y veremos cómo plantar nuestras semillas.

¡A disfrutar del huerto! 

lunes, 2 de junio de 2014

Sin agua no hay vida: el riego en nuestro huerto urbano

Sin agua no hay vida y eso es indiscutible. Con esta rotunda frase, en Semillas Huerta y Jardín queremos hacer hincapié en la importancia que tiene este elemento a la hora de cultivar nuestro propio huerto urbano: ¡sólo el agua es capaz de transportar todos los elementos esenciales que nuestras plantas van a necesitar!
Así que, si queremos que nuestro huerto crezca y sea la envidia de nuestros vecinos, es imprescindible tener un sistema de riego adecuado y unos buenos hábitos a la hora de regar.
Está claro que es imposible decir de manera general cuánta agua necesita cada cultivo –va a variar incluso dentro de una misma especie-, pero podemos hacer una aproximación: las hortalizas de crecimiento lento y las que inviernan en la tierra necesitan menos agua. Las hortalizas de hoja –nuestras lechugas o coles- van a requerir agua abundante y regular. Mientras que para las especies de raíz y las de fruto –como el tomate-, tendremos que regar con regularidad.
¡Aviso! Si hay heladas y no tenemos agua a mayor temperatura que el suelo, tendremos que renunciar al riego.
Ahora bien, sabiendo la cantidad de agua adecuada para nuestras plantas, necesitamos un buen sistema de riego que permita a nuestros cultivos recibir la suficiente cantidad de agua. Lo que trae la siguiente cuestión, ¿qué sistema de riego vamos a escoger?
Vamos a dejar de lado el sistema tradicional por inundación, que poco útil nos va a ser (por regla general) en nuestro huerto urbano, y vamos a centrarnos en hablaros del riego por aspersión, el riego por goteo y el acolchado.
Bueno, primero, evidentemente, siempre tenemos la opción del riego manual, claro. Una regadera va a ser la opción perfecta para pequeños huertos con tres o cuatro macetas.
Y seguimos. También tenemos en el riego por aspersión –el agua va a llegar en forma de lluvia localizada- encontramos tanto ventajas como inconvenientes. La nebulización del chorro va a oxigenar el agua, lo que resulta beneficioso para las plantas y la tierra; además, se puede complementar con una función fertilizante, antiparasitaria, pesticida o desinfectante. El problema es que supone un mayor gasto de agua que si usamos el riego por goteo.
Este sistema consiste en administrar pequeñas cantidades de agua mediante una red de tubos que cuentan con orificios especiales diseñados para no obstruirse con la tierra. Lo mejor del riego por goteo es que distribuye el agua de manera que va a ser totalmente utilizada por las plantas, sin perderse nada y, además, con este sistema es difícil que aparezcan malas hierbas entre nuestras hortalizas, ya que podemos controlar el caudal de riego y la frecuencia de una manera exacta. Es la mejor opción si el huerto es relativamente grande, sobre todo si en verano nuestras plantas reciben mucha insolación.
Si usáis mesas de cultivo, por ejemplo, el goteo es una buena elección. Para ello, en Semillas Huerta y Jardín encontramos un kit de riego por goteo que trae un sistema con 24 goteros de régimen turbulento de cuatro litros por hora a un bar (unidad de presión). Son seis metros de tubería de riego de cuatro milímetros. Además, cuenta con un convertidor para pasar de tubería de 16 milímetros a tubería de cuatro milímetros.
También tenemos que mencionar las jardineras con autoriego, muy adecuadas para las hortalizas menos exigentes con el agua. Estas disponen de un depósito de agua en la parte baja que mantiene húmedo el sustrato permanentemente.
Y por último, tenemos el acolchado, otro sistema que permite mantener la tierra húmeda. ¿Cómo funciona? Se protege el terreno con –versión natural- paja, hojas, turba…, o –versión menos natural- una lona de polietileno oscuro. La ventaja de la turba o la paja es que dejan respirar más a la tierra, la conserva más fresca, y tienen una acción humidificadora. El acolchado es muy útil para cultivar fresas, melones o calabacines, ¿Ventajas? Protege del frío, frena la evaporación y evita el desarrollo de herbáceas.
¡Ah! También tenemos el riego de emergencia: cuando las esperanzas por salvar a nuestras hortalizas son casi inexistentes debido a que están deshidratadas –han pasado el umbral de marchitez-, tenemos que tratar de actuar antes de que sea demasiado tarde. Primero, tenemos que dar sombra a la planta como sea, y luego regarla, incluyendo la parte aérea, con agua a temperatura ambiente o tibia si el sol está alto. ¡Importante! Evitar el exceso de agua porque la planta no lo absorberá y acabará pudriéndose: hay que regar en cantidades modestas y a intervalos.
Pero bueno, no vamos a tener que hacer ninguna actuación de emergencia a la hora de regar nuestro huerto porque ya tenemos un buen sistema de riego y conocemos a la perfección las necesidades de nuestras queridas plantaciones. Y si no, tranquilos, seguiremos dándoos consejos.

Ahora, ¡a disfrutar del huerto!